Preparando Pentecostés

por Juan Carlos Pisano

A pesar de la constante reflexión de la comunidad de creyentes, y que hemos crecido como Pueblo de Dios, el Espíritu Santo sigue siendo, para muchos, ese gran desconocido que sólo se recuerda muy de vez en cuando.
Tenemos que reconocer su presencia y darnos cuenta de que el Espíritu Santo es la manera tangible y vivencial de Dios en nuestro tiempo.

Deberíamos descubrir que, más allá de los símbolos con que lo reconocemos (la imagen de la paloma, el fuego, el viento fuerte) hay una persona tan real como el Padre y el Hijo, que nos espera para establecer un vínculo de amor íntimo y especial que se hace pleno en la vida de la gracia y de la armonía con Dios.

La acción del Espíritu está presente en los grandes momentos que marcaron nuestro proceso de crecimiento en la fe. Lo recibimos por primera vez en el bautismo y por él nos integramos a la familia de la Iglesia; también en el sacramento de la confirmación, cuando decidimos por nosotros mismos asumir el compromiso de «ser de Cristo». Se hace presente en cada reconciliación, cuando el sacerdote, ministro de Jesús, perdona los pecados en su nombre.
Y, fundamentalmente, nuestro buen Dios se hace Espíritu de Amor para acompañarnos cada vez que lo invocamos en cada gesto de solidaridad, en cada palabra dicha a tiempo, en cada silencio paciente y en la oración, momento privilegiado de comunicación y puente entre el hombre y lo trascendente.

Es el Espíritu Santo quien nos lleva a Jesús y Jesús quien nos lleva al Padre. Cuando Jesús cumple su vida en el mundo, envía al Espíritu Santo. Quien percibe, ve, oye y siente al Espíritu, percibe, ve, oye y siente a Jesús. El Espíritu Santo es, para el hombre de hoy, una presencia tan concreta como lo era Jesús para los apóstoles y discípulos que compartieron su vida. La esencia del Espíritu Santo es ser don, regalo, gracia con la que Dios se da al hombre.

LOS DONES DEL ESPÍRITU

Ya en el libro de Isaías (capítulo 11, 1-3), se anuncian los dones del Espíritu de Dios: «Reposará sobre él el espíritu del Señor: espíritu de sabiduría e inteligencia, espíritu de consejo y fortaleza, es-píritu de ciencia y de piedad. Y le inspirará en el temor del Señor».

Son los conocidos siete dones del Espíritu Santo, aunque sabemos que no son los únicos dones puesto que él es, en esencia, don para los hombres. Los dones del Espíritu Santo nos asisten para que podamos ejer-cer talentos y virtudes y nos im-pulsan a hacer vida los consejos evangélicos.

Novena al Espíritu Santo

Una novena es un ciclo de oraciones que dura nueve días y busca un encuentro progresivo con Dios refle-xionando sobre la misma idea desde distintos puntos de vista.

La Novena del Espíritu se puede rezar en cualquier momento del año con la intención de crecer en la fe y ponernos en manos de Dios pero, un momento especial es la preparación a Pentecostés.

Empieza nueve días antes y culmina con la Vigilia. No tiene un carácter mágico sino que es un instrumento para facilitar nuestra comunicación con Dios, por lo tanto si se interrumpe, o si se saltea un día, no hay necesidad de empezar de nuevo o atarse irrestrictamente a las formas.

¿Cómo rezar esta Novena?

En forma personal (individualmente y siguiendo el propio ritmo de hora-rios, tiempos y lugares) o comunitariamente (en familia o en grupo, combinando entre los participantes un lugar y un momento de encuentro para cada día).

El momento de la oración no puede ser una «isla» durante el día sino que debe ser la coronación de una serie de actitudes, gestos e intenciones que deben tenerse presentes desde cada mañana.

En el momento de la oración pro-piamente dicho se buscará un lugar apropiado (habitación o capilla para hacerlo solo, sala de reuniones, lugar de la casa silencioso o también en la capilla, para hacerlo en grupo).

Primer día: El don de la alegría

Oración inicial:
Espíritu Santo que vives en el corazón de tus fieles, ilumina nuestro rostro con la sonrisa que surge del alma que es capaz de gozar de las cosas de Dios. Enséñanos a vivir con alegría y que la esperanza nos empuje para superar los momentos de dolor.

Para reflexionar:
El don de la alegría no está entre los siete dones de raíz bíblica, pero aparece en numerosas ocasiones a lo largo de la Palabra de Dios porque toda mención a la presencia de Dios está acompañada de expresiones de gozo y plenitud.

Para el cristiano de hoy no es fácil ser alegre si ha aprendido a compadecerse con el sufrimiento de los demás. Son tantos los que sufren hambre, frío, desocupación, falta de vivienda, carencia de atención sanitaria, analfabetismo, violencia y tantos otros padeceres que pareciera descarnado ser alegre.

Si embargo la fe y la esperanza nos hace aceptar el dolor tratando de teñirlo de alegría y de confianza en Dios. No es una resignación conformista ni una evasión de la realidad. Es una convicción plena en un Dios que nunca abandona y que vive en la esperanza de su pueblo.

A cada invocación respondemos:
Ven Espíritu Santo y llénanos de gozo.

· En los momentos de pesar...
· En el tiempo del dolor...
· En nuestras alegrías humanas...
· Frente a los problemas familiares...
· Para acompañar nuestro trabajo...

Leemos en la Biblia:
Evangelio de san Juan 14, 8-21.

Segundo día: El don de la sabiduría

Oración inicial:
Espíritu Santo que vives en el corazón de tus fieles, enséñanos a mirar la vida, cualquiera sea nuestra edad, con la sabiduría de la madurez que está más allá del saber y del conocer.

Para reflexionar:
El don de la sabiduría fue ligado, por culpa de las culturas que daban prioridad a lo intelectual, a la mente y a la razón, al saber y el conocimiento. Y la palabra sabiduría, sin embargo, alude al profundo y hondo saber con una raíz muy cercana a la noción de «sabor», de gusto por las cosas de Dios y de la vida.

El que es verdaderamente sabio no es porque he conseguido varios títulos universitarios sino porque ha logrado captar el sentido de la vida, la razón de la existencia. La sabiduría reside en aquellos que, con sencillez, saben otorgar el verdadero valor a cada cosa. En los que no se dejan engañar por superficialidades ni caen en la trampa ni en los engaños que, muchas veces, propone el estilo de vida competitivo y egoísta preponderante en la sociedad de hoy.

Es sabio el que vive sabiendo vivir. El que aprende de la contemplación y de la observación profunda. El que sabe asombrarse y preguntarse aunque no siempre tenga respuestas para todo.

A cada intención respondemos:
Ven Espíritu Santo y danos la sabiduría

· Para no caer en tentaciones engañosas...
· Cuando buscamos la verdad...
· En los momentos de crisis...

Leemos en la Biblia:
Sabiduría 6, 12-21

Tercer día:
El don del entendimiento

Oración inicial:
Espíritu Santo que vives en el corazón de tus fieles, te pedimos la capacidad del entendimiento que nos permita acceder a las enseñanzas de Jesús sin errores en la interpretación y sin deformar su Palabra de acuerdo con nuestra conveniencia.

Para reflexionar:
El don del entendimiento es el regalo que nos ofrece el Espíritu Santo para comprender las enseñanzas de Jesús. Se trata de entender las cosas de la vida con la mirada de Dios. Es el entender profundo de quien es capaz de penetrar hasta el «carozo» de las cosas. Es el conocimiento medular y no superficial.

El Espíritu Santo nos abre las «entendederas» para que logremos captar la más profundo de la Buena Noticia y la voluntad de Dios más allá de las cosas.

A cada invocación respondemos:
Ven Espíritu Santo y permítenos entender

· En los momentos de tinieblas...
· Cuando oramos con la Biblia...
· Frente a las situaciones difíciles...
· Ante las dudas de fe...
· En medio de la debilidad...

Leemos en la Biblia:
Evangelio de san Mateo 23, 1-12.

Cuarto día:
El don del consejo

Oración inicial:
Espíritu Santo que vives en el corazón de tus fieles, ilumina la decisión difícil, el problema familiar o la encrucijada moral. Que sepamos elegir y, frente a las opciones, tengamos lucidez y valentía para ponernos siempre a tu lado.

Para reflexionar:
El don del consejo es la sabiduría práctica. Encontrar la palabra ade-cuada para tomar la decisión justa en el momento oportuno. Ubicarse ante las cosas con equilibrio y, al elegir, tener en cuenta los criterios del Evan-gelio. Saber dar consejo a los demás es ejercer la delicada tarea de entrar cautelosamente en el santuario del otro, con plena conciencia de que «es otro» con su historia, su personalidad, su fe, sus angustias, sus miedos, sus frustraciones y todo un ser distinto.

A cada invocación respondemos:
Ven Espíritu Santo y danos tu luz.

· En las situaciones de oscuridad...
· Cuando la vida nos confunde...
· Frente a los temas conflictivos...
· Ante el temor a equivocarnos...
· En medio de la duda...

Leemos en la Biblia:
Carta de san Pablo a los Efesios 1,11-14

Quinto día:
El don de la fortaleza

Oración inicial:
Espíritu Santo que vives en el corazón de tus fieles, ilumina nuestra voluntad para que sepamos querer el bien y hagamos lo posible para alcanzarlo.

Para reflexionar:
El don de la fortaleza nos da la gracia para perseverar en la opción cuando hemos elegido «jugarnos» por el Evangelio. Debemos ser fuertes en la fe y perseverantes en el amor. Hace falta fortaleza para «remar contra la corriente» en un mundo que sostiene una forma de vida que propaga la injusticia, que se regodea con la corrupción y que premia a los aprovechadores.

A cada invocación respondemos:
Ven Espíritu Santo y danos tu fuerza

· En los momentos de depresión...
· Cuando la vida nos golpea duro...
· Frente a la desilusión...

Leemos en la Biblia:
Carta de san Pablo a los Hebreos 11, 32-38

Sexto día:
El don de ciencia

Oración inicial:
Espíritu Santo que vives en el corazón de tus fieles, enséñanos, mediante el don de ciencia, a juzgar rectamente las cosas creadas.

Para reflexionar:
Hablar de ciencia es algo muy distinto de lo que significa la sabiduría y el entendimiento. Con el don de ciencia podemos penetrar en los recónditos parajes de la comprensión de las leyes de la naturaleza y de la estructura del universo contemplando la belleza de la perfección que dio vida a esa misma naturaleza y que creó el orden inalterable que rige el universo.

A cada invocación respondemos:
Ven Espíritu Santo y danos el don de ciencia

· Para dar solidez a nuestra fe...
· Para acompañar nuestro trabajo y estudio...
· Ante la incertidumbre...

Leemos en la Biblia:
Génesis 1, 26-28

Séptimo día:
El don de piedad

Oración inicial:
Espíritu Santo que vives en el corazón de tus fieles, danos el sentimiento filial y confiado del buen hijo hacia su padre que se alimenta con el pan de piedad.

Para reflexionar:
El don de piedad hace referencia a ese sentimiento profundo que nos permite sentirnos, y ser en verdad, hijos de Dios. Por este mismo don podemos dar el paso a sentirnos hermanos de todos. Es el don que nos hace familia de Dios. Un don que se extiende y multiplica en el amor de la amistad y que va aún más lejos: el amor a todas las personas reconociendo su valor y su dignidad. La piedad es activa y dinámica, es el amor que quema desde adentro y lleva al encuentro con los demás.

A cada invocación respondemos:
Ven Espíritu Santo y alimenta nuestro amor

· Junto a nuestros familiares, amigos y compañeros...
· En las dificultades de relación con los demás...
· Ante los enemigos...
· En medio de los problemas de comunicación...

Leemos en la Biblia:
Evangelio de san Mateo 6, 9-14

Octavo día:
El don del temor de Dios

Oración inicial:
Espíritu Santo que vives en el corazón de tus fieles, ilumina nuestros sentimientos para que seamos capaces de estar siempre dispuestos a cuidar ese tesoro tan grande que es el amor de Dios que habita en nosotros.

Para reflexionar:
El don del temor de Dios ha sido confundido con la idea de que hay que tener temor a Dios. Sin embargo el temor de Dios es otra cosa. No es miedo a Dios sino deseo de no perder al Dios que hemos conocido. Como la persona que traslada un artículo fino, delicado y quebradizo teme por él, por su integridad, el hombre prudente teme perder a Dios.

No significa miedo a Dios sino cuidado por permanecer junto a él, por no perderlo, porque no se «rompa» nuestra relación con él. Deseamos conservar a Dios con nosotros y por eso tenemos temor de él. Temor de que los avatares de vida resquebrajen la relación, que las distracciones del mundo no nos dejen poner los ojos en nadie más que en él.

A cada invocación respondemos:
Ven Espíritu Santo y danos el verdadero temor de Dios

· Para peregrinar por la vida sin problemas...
· Para poner nuestra confianza en la Palabra de Dios...
· Para que sepamos defender nuestra fe...
· Ante las contrariedades...

Leemos en la Biblia:
Evangelio de san Mateo 7, 24-27

Noveno día:
El don de la vida comunitaria

Oración inicial:
Espíritu Santo que vives en el corazón de tus fieles, dale fuerza a nuestras manos para que se estrechen solidarias en el gesto fraternal que construye la comunidad. Enséñanos a vivir con generosidad buscando antes el bien de los demás que la propia satisfacción. Que tu presencia nos anime a compartir por sobre toda desunión y que sepamos ser abiertos y tolerantes para comprender y aceptar a los demás.

Para reflexionar:
El don de la vida comunitaria tampoco es uno de los siete dones tradicionales del Espíritu Santo. El cristiano es esencialmente comunitario pero para vivir comunitariamente debemos superar las barreras del egoísmo, del individualismo y de la búsqueda de sí. Vivir en comunidad exige apertura, deseos de comunicación, tolerancia, comprensión, ponerse en el lugar del otro, salir de uno mismo y mucha generosidad. Nada de eso se logra auténticamente por un mero voluntarismo. La apertura real hacia el otro es fruto del amor genuino y desinteresado, ese rasgo que nos muestra que, evidentemente, hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios.

A cada invocación respondemos:
Ven Espíritu Santo y anima nuestras comunidades

· Para que seamos como los primeros cristianos...
· Para que busquemos primero el bien de los demás...
· Para que seamos familias cristianas...
· Para que aprendamos a compartir auténticamente...

Leemos en la Biblia:
Hechos de los Apóstoles 2, 42-47