Una presencia activa y silenciosa fundamental para la evangelización

Una congregación pequeña, un puñado de simples mujeres de pueblo que, por el carisma que las mueve, viven encarnando el ideal de servir a Cristo pobre y crucificado en los hermanos que sufren hambre, sed, desnudez, cárcel, y enfermedad.

Siguiendo este mandato fundacional llegaron a la diócesis de Añatuya y se  encontraron con un pueblo que, enfrentando la adversidad y la aridez celebra la vida, honra a sus mayores y, en nombre de Dios, es capaz de unirse en el esfuerzo por el bien común.

Actualmente, con una gran entrega de las hermanas, están sosteniendo su presencia en Vilelas, Quimilí y Tintina ofreciendo a los hermanos santiagueños una mano fraterna que se tiende para invitarlos a recorrer juntos los caminos de Dios.

Tintina

La primera comunidad de las hermanas se estableció en Tintina en mayo de 1971 después de urgentes y reiterados pedidos de personal religioso que hacía insistentemente monseñor Jorge Gottau.

Las hermanas fundadoras, Maria Luisa Tron, Cecilia Gebart y Ana Maria Heit permanecen allí hasta fines de 1972 y llega una nueva comunidad que se dedica a la  promoción de las familias, a la docencia y organizan un taller de tejido.
 
En 1975, a pedido del obispo, la comunidad asumió la conducción del Colegio con la misión de convertirlo en un centro misional y desde donde se difundan la Palabra de Dios y los elementos de la cultura. En 1978 también crean una academia de dactilografía y, al año siguiente comenzó la presencia de jóvenes vocacionistas como experiencia comunitaria.

En abril de 1983, el obispo convoca las Asambleas diocesanas de pastoral que tuvieron como temas centrales la religiosidad popular” y las asambleas parroquiales; en mayo monseñor Gottau visita Tintina para organizar las Asambleas parroquiales con los agentes de pastoral y en septiembre, vuelve para participar de la celebración de las Asambleas.

A partir de 1985 la comunidad acompaña postulantes que hacen su experiencai allí y también a dos  jóvenes junioras que fueron a completar su formación. Así, el 25 de marzo de 1994, con la reapertura del noviciado de Monte Caseros (Corrientes), tres de las cuatro postulantes, ingresan para iniciar la segunda etapa  de formación.

Más adelante, en 1998 con la  transformación educativa y la entrada del séptimo año con dos divisiones hubo que ampliar las dependencias y se construyeron dos salones con mucho esfuerzo de la comunidad educativa.

Ya en el 2000, se inaugura la escuela Santa Rita, ubicada en un barrio muy pobre, soluciona el  problema de más de 100 niños de los dos primeros ciclos: y desde abril, se implementó el proyecto Apoyo escolar para brindar un acompañamiento extra a los niños con  dificultades de aprendizaje.

Quimilí – Escuela San Francisco de Asís

Desde 1981 la Congregación dió una nueva respuesta a la diócesis, siendo fiel al  carisma de su  fundadora  Juana  Teresa Crombeen. Era necesario continuar con la atención de los niños y de las familias del monte en Chacra 53 a 5 km. de la ciudad de Quimili ya que los Padres Escolapios tuvieron que dejar la escuela que atendían allí.

La Superiora Provincial,  hermana  Dolores Homar accedió al pedido del obispo y así dos religiosas comenzaron a ir a ese lugar pobre, inhóspito e inseguro. Se abocaron a la enseñanza en colaboración con algún maestro, contando con un edificio muy precario e incomodo; iban al pueblo por las tardes, donde vivían en una casa de familia, pues no disponían de vivienda  en la escuela. Recién en 1983 las hermanas Lourdes y Alcira se pueden instalar en una vivienda en la escuela.

Monseñor Gottau hizo posible la instalación de un motor para generar luz eléctrica en  la escuela y la casa. Para cubrir las múltiples necesidades económicas logra el aporte del Proyecto Cristian Children de EE.UU.

Por los años 1984 y 1985 las hermanas siguen intensificando su tarea de preparación de los sacramentos y de educación en lecto escritura. En la escuela se construyen nuevas aulas con la ayuda del obispado y se instaura el mes de la caridad para recadar fondos para ayudar a los más pobres.

También se encaró un plan de formación especial de las familias para prepararlas a celebrar el Congreso Eucarístico, llevando a sus casas el “Cristo Peregrino”. Y se llevó a la escuela la Posta Rodante para la atención sanitaria de a las personas más carenciadas.

El trabajo intenso continúa y se amplía hacia el paraje “El  Fisco” a 7 km. Entre 1988 y 1990 se implemente la excelente iniciativa de reunirse las tres comunidades (Vilela, Tintina y la Chacra) para las celebraciones especiales y participan de las reuniones y encuentros de CRIMPO N.O.A.

Los sacerdotes polacos Estanislao y Eugenio llegan a la diócesis y se hicieron cargo de una nueva parroquia mientras atendían espiritualmente a la escuela. Un vecino donó al obispado dos hectáreas frente al edificio de la escuela y se pudo construir la cancha. Allí mismo, después de fracasar en el intento de encontrar agua potable en otros lugares, se obtiene un buen resultado y el obispado se ocupa de hacer las instalaciones para extraer agua.

Es una zona que necesita mucha ayuda de afuera; e reciben medicamentos alemanes gestionados por monseñor Jorge Gottau y las hermanas, desde Bélgica envían ayuda monetaria para la alimentación y la salud de los más necesitados

Desde 1991 hasta hoy, se ha trabajado más intensamente en organizar y concientizar  a los laicos para la misión; un grupo de madres prepara la comida para los niños de la escuela, formando un grupo sólido, trabajando sin intereses.

Se solucionó la falta de luz eléctrica gracias al trabajo de un grupo de laicos, madres y padres de los alumnos que se unieron en un esfuerzo común y no bajaron los brazos hasta que en 1995  todo el paraje tuvo luz eléctrica.

Ante ese logro, se sumaron otros padres y, con el asesoramiento de la municipalidad y del INTA, se hicieron las debidas excavaciones  para toda la red de agua. Se obtuvo una bomba eléctrica y los caños y accesorios se compraron con beneficios y donaciones.
El trabajo pastoral continúa con docentes responsables de la catequesis; preparan para los sacramentos y los sábados hay celebración de la eucaristía en la escuela.

Son muchos los logros que se han conseguido en un paraje tan inhóspito y carenciado. Hay que estacar el padrinazgo del colegio San José de Chajarí y la movilización del personal docente que buscan junto a las hermanas como responder a las necesidades más apremiantes de sus alumnos en ropas, útiles, medicamentos y alimentos.

El grupo de religiosas se alimenta con sus encuentros zonales en Quitilipi y no faltan las ocasiones para reunirse las tres comunidades.

La escuela está abierta a otras instituciones y, por ejemplo, con motivo de la semana del niño especial recibieron la visita de niños especiales con sus docentes para compartir actividades. Para abordar el trato de los niños especiales de la escuela se cuenta con la ayuda del proyecto Liliane Fonds.

Gracias a la ropa que reciben (Bélgica, personas amigas y familiares) se puede asistir a los niños mas carenciados y abandonados en su familia; con el plan Jefes y Jefas hay cuatro madres que se han comprometido a hacer la huerta escolar y pronto los niños podrán disfrutar de la verdura en la comida diaria que reciben en el comedor de la escuela.

Vilelas

Teniendo en cuenta el llamado de la Iglesia de multiplicar su presencia en los lugares mas abandonados, y en respuestas a inquietudes personales de algunas hermanas, se concretó, en diciembre de 1978 el inicio de una comunidad en Vilelas.

En ese lugar nunca hubo ni hay sacerdote estable; perteneció a la parroquia de Santa Rosa (Quimilí) atendida por los Padres Escolapios hasta marzo de 1988 y, desde esa fecha pertenece a la parroquia San Pedro y San Pablo de la misma ciudad, pero generalmente para la celebración de la misa y los sacramentos es atendida por algún sacerdote de Añatuya, que va periódicamente.

Desde los comienzos la comunidad se proyectó en obras concretas:

Y, por supuesto, muchos otros aspectos que no sólo se tienen en cuenta sino que se atienden eficazmente pero que, mencionarlos sería entrar en el detalle de lo que el lector ya sabe que se desprende del trabajo apostólico en lugares como este.