Monseñor Jorge Gottau y la promoción de la mujer
Otra tarea importante dentro de la Evangelización que asumió Mons. Gottau fue la promoción humana. En estos pantallazos que a través de estos artículos voy dando sobre la tarea del obispo me impresiona constatar la visión tan amplia que tenía sobre realidades tan dispares. En este caso veremos como se abocó también a la promoción de la mujer.
El obispo observó por un lado el papel fundamental de la mujer en la familia. En ese tiempo, década del 60, los varones de esta zona, emigraban permanentemente a trabajar en las distintas cosechas que a lo largo y ancho del país, les permitían obtener algún dinero para mantener a sus familias.
La mujer quedaba sola y a cargo de los hijos, de sus numerosos hijos. En la mayoría de los casos se trataba de mujeres responsables pero con muy poca instrucción en todo sentido, dándose una especie de matriarcado. El obispo buscó fortalecer la familia dignificando y formando cristianamente a la mujer. Este fue su principal objetivo.
Al mismo tiempo también combatió los flagelos que golpeaban permanentemente la realidad:
- Grandes zonas del noroeste argentino ponen en evidencia las graves carencias que padecen sectores importantes de la población, lamentablemente los más pobres, sobre todo el aspecto educativo y sanitario. Pero también abarcan la necesidad de una auténtica promoción de la mujer, que en estas latitudes muchas veces vive las consecuencias de una concepción “machista” asumida incluso por las propias mujeres. Da pena ver como mujeres jóvenes y capaces, muchas veces aceptan pasivamente el mal trato y la infidelidad de su cónyuge.
- Otro aspecto está vinculado al comienzo de la actividad sexual desde muy joven, que lleva a que muchas de ellas sean madres desde edad temprana y, en ocasiones, cedan sus hijos a los abuelos para su crianza. Ese aceptar un papel secundario en la sociedad es lo que ha llevado a que muchas mujeres de la zona a vislumbrar como única salida laboral, el servicio doméstico en Buenos Aires u otras ciudades importantes del país.
- Se suma a eso la consiguiente emigración hacia otros horizontes en la búsqueda de encontrar un futuro más promisorio. No hay familia, creo yo, en Santiago del Estero que no tenga alguno de sus miembros viviendo en Buenos Aires u otras provincias. Deben ser más los santiagueños que viven fuera de la provincia que los que lo hacen aquí.
- Los riesgos que esta partida supone son grandes, incluso recuerdo lo que me han comentado sobre la situación de jóvenes mujeres, llegadas en numerosas ocasiones solas a las grandes ciudades, y que han sido captadas por las cadenas de prostitución que trabajan en ellas.
La tarea que emprendió monseñor Gottau buscando fortalecer la familia va a ayudar a combatir todo lo mencionado. Fue así como, con la ayuda de algunas de las congregaciones que llegaron a la diócesis y de algunos laicos con un compromiso fuerte en la fe, se organizaron talleres de oficios o de capacitación que estaban dirigidos a jóvenes mujeres.
El primer taller funcionó en Añatuya poniendo como protectores a la “Sagrada Familia” para que el fin que motivaba toda la obra quedara en evidencia. El mismo estaba a cargo de una laica con una dedicación total al proyecto; luego vinieron las Hermanas de la Cruz que en Monte Quemado y Quimilí abrieron centros similares.
En un principio la capacitación fue en la costura, lo que también permitió, junto con la confección de prendas para el propio hogar, una importante salida laboral durante muchos años. Las prendas que se confeccionaban eran de muy buena calidad y se las vendía a otras provincias.
Luego se vió la necesidad, incluso a pedido de la misma gente, de levantar residencias para que las jóvenes del interior de la diócesis pudiesen estudiar, y así surgieron en diversos pueblos: Añatuya, Campo Gallo, Los Juríes y muchos otros.
Como comprenderán, esta tarea ha sido y es sumamente importante, las jóvenes en las residencias y en los talleres reciben una formación integral que les permite valorar lo que son, y entender el proyecto de Dios para su vida.
Particularmente en las residencias (hoy también hay algunas para muchachos) las jóvenes tienen una verdadera experiencia de vida cristiana, y es reconfortante ver como muchas de las que han pasado por ellas han formado luego verdaderos hogares cristianos. También en algunos casos han surgido vocaciones religiosas para la vida activa y contemplativa y también laicas con un fuerte compromiso eclesial.
La visión del obispo desde un comienzo hizo que en nuestra diócesis, mucho antes que el episcopado latinoamericano en sus importantes reuniones (Puebla, Santo Domingo, Aparecida) afirmara la importancia de la promoción humana, ya aquí en Añatuya, se trabajara activamente en la misma como parte integral de la Evangelización.