Las residencias estudiantiles

Una de las obras más importantes, de las creadas por monseñor Gottau en la diócesis de Añatuya, es la de las residencias estudiantiles, porque ellas son la única opción para que chicos y chicas del interior de la diócesis tengan acceso a la educación secundaria. En esta nota pretendemos transmitir los sentimientos que generan las residencias tanto en los que trabajan en ellas como en los adolescentes beneficiarios de tan importante obra. Con ese objetivo compartimos con ustedes una carta del padre Cristian Ducloux dirigida a los encargados de las residencias y otra carta de una alumna dirigida a la familia que la beca para que pueda completar sus estudios secundarios.

Primero los ponemos en situación
Las residencias reciben a adolescentes y jóvenes del interior de la diócesis, en edad de secundaria, que no pueden concurrir a los centros educativos ya sea por las distancia de sus viviendas, pertenecientes a parajes y poblados aislados dentro de la extensa zona rural de la diócesis, por la falta de recursos económicos de sus familias o por carecer de familia que los impulse y acompañe a crecer; ellos, sea por sus maestros de primaria, sea por los agentes de pastoral o por el testimonio de jóvenes que ya hicieron la experiencia, desean concluir la enseñanza obligatoria, capacitarse y formarse para lograr su propio desarrollo como personas y poder servir en una sociedad donde la exclusión de los jóvenes, varones y mujeres, analfabetos funcionales es un hecho.

En nuestra diócesis, considerada una de las más pobres del país, el 60% de los niños viven debajo de la línea de pobreza, muchos de ellos en situaciones de indigencia, sin afecto, sin metas, sin futuro, trabajando en el monte desde muy temprana edad con el hacha, en la explotación forestal de especies madereras.

Muchos de los varones abandonan la escuela a los 9 ó 10 años. Las chicas, aunque en su gran mayoría no terminan el ciclo primario, van más tiempo pero, mientras que el varón comienza a realizar algún trabajo en el campo, ellas no tienen un lugar propio. Son muchas las que entre los 12 y los 15 años, quedan embarazadas y pasan a engrosar el gran número de madres solteras. Si por iniciativa propia o por invitación de algún familiar la chica busca trabajo en las grandes ciudades, por su falta de preparación, corre el serio riesgo de ser laboralmente explotada o caer en la prostitución.

La nueva ley nacional de educación establece la obligatoriedad de la escuela secundaria y casi la totalidad de las escuelas primarias rurales de la provincia de Santiago del Estero aún no prestan ese servicio. Esto implica dejar a los niños provenientes de estos sectores sin la educación obligatoria completa. Aquí radica la importancia de la obra creada por mons. Gottau y la necesidad de continuarla.

La carta del padre Cristian a los responsables de las residencias transmite el sentimiento y la entrega con que son atendidas.

Gracias a Dios, cada vez que empezamos un nuevo año, el Señor nos permite recibirlo nuevamente en nuestras casas en la persona de nuestros chicos.

Como les comenté informalmente en varias ocasiones tenemos a nuestro cuidado, entre el hogarcito y las residencias, 300 chicos. A estos se le podrían sumar los casi 50 chicos que becamos para que puedan hacer sus estudios terciarios. ¡Es una obra magnífica de la Iglesia, llevada adelante por personas generosas, que gastan sus días y su vida, para que los pobres de Jesús tengan mejor vida!. Una vida que se desgrana, sembrando vida, haciendo vivir, dando sentido, amando. ¡Qué hermoso es hacer lo que nos gusta, y sobre todo si eso que nos gusta hace bien!

Me animo a escribirles porque como anunciaba más arriba, nuestra labor la hacemos en nombre de la Iglesia, la Iglesia de Jesucristo, Iglesia que sigue al maestro, Iglesia que quiere imitarlo, Iglesia de discípulos y hermanos, y desde allí les escribo, como discípulo que día a día busca la voluntad de Dios y hermano que comparte el corazón con los suyos.

Imitando gestos, palabras y actos…
Estos días llegó a una de nuestras residencias una niña del interior (bien adentro) y fue la primera en llegar. Huérfana de madre, cuatro hermanos y un papá ausente por su trabajo. Catorce años, callada, tímida, no le podíamos sacar ni una palabra fuera del si o no. Como era la única, y no la podíamos dejar sola, la llevamos a la Misa con nosotros. Mientras rezaba, la observaba… Al término de la celebración le pregunté cómo estaba, -más o menos (interpreté)- aparte de estar totalmente desubicada, no estaba habituada a la Misa ya que era evangelista, y me imagino que sus ojos humedecidos querrían decir algo más… pero esta vez no me animé a interpretarlos… ¿Qué será del mundo interior de esta criatura? ¡Catorce años! Cuanto sufrimiento arraigado en lo más profundo de su ser. Ella, como tantos otros chicos, llegan a nosotros con un mundo interior que es un misterio. Dios nos debe tener muchísima confianza, nos debe valorar demasiado, para entregar en nuestras manos la vida de estos chicos, que cuando llegan a Añatuya quedan a la merced del calor maternal y paternal que nosotros podamos darles. Sufridos, callados, autoestima baja, un ambiente desconocido, compañeros de una escuela de “ciudad”, lejos de los padres, un nivel académico pobre, y envueltos en brazos de personas que no conocen y tienen que aprender a querer y confiar.

Te agradecemos Dios por semejante confianza en nosotros, prepara abundante gracia para brindarnos y ayúdanos a ser, como Iglesia, la imagen de Dios para esos chicos.

Organizando el bien…
Sabemos que las residencias tienen sus particularidades y sus tintes especiales, dado que las personas que las llevamos adelante somos distintas, pero me ani-mo a darles algunas sugerencias a tener en cuenta y pueden ser de gran utilidad para todos.

Integración de los chicos y chicas nuevos: Tengan en cuenta que el co-mienzo es difícil. Nueva casa, ambiente, compañeros, etc. Si a los religiosos, que optamos por una vida peregrinante, nos cuestan los cambios, imagínense a los chicos… (El que ama extraña, y el que no ama vive como un extraño en este mundo, ¡feliz el que extraña!).

Reglas de convivencia: Saben que tratamos con adolescentes, como con-sejo los animo a que se tomen el tiempo de charlar, fundamentar y ¿por qué no? negociar lo negociable de las normas de convivencia. Generalmente estas son de sentido común, y los chicos las aceptan como propias cuando pueden charlarlas.

Realizar informes trimestrales:
Con cada boletín que recibimos sugiero enviar una copia con algún pequeño informe personal sobre la chica o el chico a sus padres, por medio de los agentes de pastoral que los apadrinan. Nos ha pasado en varias ocasiones que los chicos no le decían a sus padres que se llevaban materias, o hasta que habían repetido de año y después llegan los problemas. Es bueno un seguimiento en este aspecto.

Tengan muy en cuenta las charlas personales: todos tenemos algo que decir… Tomémonos tiempo para charlar con cada uno. Que experimenten que los individualizamos, que son impor-tantes, únicos. Eso nos hará ganar en confianza, ascendencia sobre ellos. El amor educa. Cuando ellos se sienten amados hacen caso, capaz que no por estar convencidos, sino sólo porque nos aman, y saben que queremos lo mejor para ellos.

Tengan en cuenta los cumpleaños: busquemos la forma de festejarlos, que no se nos pasen. Para los chicos son momentos especiales, que tienen que ver con su autoestima, en ese día todos están alrededor de él…

No medirlos con nuestra vara: De los que llevamos adelante residencias, no creo que haya habido alguien criado en ellas. Y generalmente las experiencias de nuestra niñez y adolescencia, base fundamental para el desarrollo humano, fueron muy distintas a la de estos chicos.

No poner límites al amor: Muchos somos consagrados y otros han elegido este servicio por amor. Entonces no le pongamos límites. No somos una residencia estudiantil más. Somos de la Iglesia. Queremos ser Jesús para ellos. Hemos consagrado la vida para ello. El amor es creativo, busca la manera, constantemente, como un enamorado, para manifestarse. No nos podemos dar por vencidos fácilmente. Un chico nos miente, lo amamos más; no comprende que queremos su bien, lo amamos más; “metió la pata”, lo amamos más. ¡O tenemos residencias a modo de Jesús o mejor no tengamos nada!

Tratemos de trabajar juntos: Lo más lindo de seguir a Jesús es que tenemos trabajo hasta el último día de nuestra vida, cuando creemos que tenemos las recetas de las cosas, se nos cae la estantería y tenemos que volver a empezar. Seguir a Jesús mantiene nuestra cabeza activa, pensante, y el corazón ardiente. Descubrir y discernir lo que Dios quiere día a día es fascinante. Por eso los invito a rezar, pensar, discernir y amar juntos nuestra labor. Creo que Dios nos pide día a día buscar juntos sus criterios, que tienen que guiar nuestro accionar como Iglesia. Es en nombre de ella que hacemos lo que hacemos y a ella representamos, juntos nos vamos a equivocar menos y nos vamos a parecer más a este Dios que es comunidad.

Agradecido y admirado por todo lo que hacen me despido muy atentamente, recordandoles que estos chicos y chicas son el camino de nuestra salvación.

Con afecto de hermano, P. Cristian Ducloux (fdp)

Objetivos de la residencias

La brecha educativa sigue creciendo entre los que progresan, por tener oportunidades, y los que se estancan, por no tenerlas. A nivel estatal, se están produciendo cambios positivos, pero aún no alcanzan a paliar el analfabetismo del 14,72% que se da en la provincia. Los colegios construidos por el obispado, cuentan con una estructura favorable para recibir a las niñas y los niños en un régimen de internado y el ideario de sus establecimientos educativos inspirados en el Evangelio, tienen como prioridad asistir a las familias numerosas, con necesidades básicas insatisfechas y con mayor índice de pobreza. Estas son sin duda en su mayoría las de la zona rural.

La creación de las residencias y de las escuelas-albergue, pretende ser una respuesta para brindar a los chicos de la zona rural, las mismas posibilidades que los que viven en los centros urbanos.

En ellas priorizamos desarrollar valores humanos y trascendentes, la libertad responsable, la perseverancia en el trabajo, la conciencia crítica, dentro de la vivencia de los valores evangélicos. Procuramos lograr un clima de trabajo alegre y abierto, que dé lugar a la creatividad, a la integración grupal, a la tolerancia, valorando la diversidad en la unidad, que los prepare para una auténtica vida democrática. También trabajamos para disponer espacios para una orientación vocacional que abra horizontes y encauce las energías juveniles hacia el ideal de construir un mundo mejor.

“La educación es cosa del corazón”, decía san Juan Bosco: “El que se sabe amado, ama, abre su corazón, apren-de, se da a conocer, se brinda”.

Los servicios que prestamos
· Cuidado y acompañamiento durante el tiempo que permanecen en la residencia, este servicio, por lo general, está a cargo de consagrados y voluntarios.
· Vivienda.
· Alimentación, en algunas contamos con cocineros, pero pretendemos llegar a contar con el asesoramiento de nutricionistas.
· Apoyo escolar, a cargo de psicopedagogos y profesores de apoyo.
· Becas de estudio, vestimenta escolar, útiles, textos.
· Control médico, por ahora sólo se aplica para casos de enfermedad y para la adquisición de remedios pero se desea implementar un programa de controles médicos clínico, odontológico, óptico, auditivo y ginecológico.
· Apoyo psicológico, por ahora sólo a cargo de voluntarios.
· Recreación, actividades artísticas, físicas y deportivas.
· Acompañamiento espiritual.
· Mantenimiento edilicio.
· Servicios públicos, luz, gas, teléfono, internet.
· Vestimenta e higiene personal.

Los servicios enumerados se prestan en Añatuya en las residencias Medalla Milagrosa (30 chicas), Sagrada Familia (40 chicas), San Juan Bosco (35 chicos) y Santa Teresita (25 chicas); en Campo Gallo, San Carlos Borromeo (20 chicas); en Los Juríes, Santa María Goretti (20 chicas); en Santos Lugares, Beatos Laura Vicuña y Ceferino Namuncurá (80 jóvenes).

Tan importante obra representa muchos gastos fijos y siempre se necesitó de la ayuda de organizaciones, donantes individuales y voluntarios, ya que el aporte de las familias no logra cubrir dichos gastos. Una parte importante del aporte mensual de la Fundación Gottau al obispado de Añatuya se destina a apoyar esta obra, en especial a la de Santos Lugares, que hasta el año pasado estuvo a cargo de los hermanos de La Salle.

Ya se observa el progreso en muchos campos, maestros y profesores que ya se recibieron en nuestras escuelas y que hoy toman ellos la “antorcha” en la educación, casas humildes en lugar de ranchos en muchas poblaciones, familias que luchan para que sus hijos estudien y se formen... Pero todavía se observa que es más lo que falta que lo que se hizo.

Esta carta de una alumna de las residencias nos muestra lo importante que es esta obra para sus beneficiarios

Añatuya, diciembre de 2009

Estimados padrinos, hoy me dirijo a ustedes con el fin de agradecerles por toda la ayuda que me brindaron, durante este año.

Como sabrán yo soy una chica de muy bajos recursos, mis padres no tienen un trabajo fijo, por otro lado, en el campo ya no hay tierra para trabajar porque se apoderaron de ella unos señores y ahora sólo hay máquinas que trabajan y talan la tierra, para sus cosechas… por eso mis papás tienen que salir de casa por un largo tiempo para conseguir algo de dinero para sustentar a la familia.

Muchas veces me siento muy satisfecha y admirada con la gente que es tan generosa; una de esas personas son ustedes porque, aunque no me conocen, me ayudan para que yo pueda estudiar. A veces siento que se preocupan un montón por cada joven que tiene un emprendimiento en el estudio y eso es algo increíble porque hoy en día ¿quién se preocupa por alguien que no sea por sí sola?

Espero que yo no los defraude; les prometo, aunque no los conozca, aprovechar la oportunidad que me brindan; señores muchas gracias… y cuando sea grande, me encantaría ser así y asociarme como lo hacen ustedes y poder darles la oportunidad a los jóvenes de estudiar, así como lo hacen ustedes conmigo, no sé, no encuentro palabras para expresar mi eterno agradecimiento por todo…

¿Saben? otro de mis sueños es recibirme, buscar un trabajo y ayudar a mis padres con la educación de mis hermanos, porque ellos ya está bien de trabajar por nosotros y espero, rezo, para que mi sueño se cumpla.

Bueno, aparte de sueños, les cuento que la residencia, el cole y mis compañeras y compañeros son un lujo y me llevo muy bien con todos. Estoy muy contenta de tener todo esto y eso se lo debo a ustedes.

Señores, gracias y espero conocerlos aunque sea a uno de ustedes y, si algún día pueden o tienen la oportunidad de ir al campo, espero que lleguen a Piruaj Bajo, ahí yo o mi familia los recibiremos y también, como yo, desean conocerlos y agradecerles ¡¡Me prometen llegar!!

Gracias por todo esto, suerte, éxito y que Dios y la Virgen los bendigan y los protejan siempre.

La despedida de los hermanos de La Salle del Colegio San Benito

El día 5 de marzo de 2010, se realizó una Eucaristía de agradecimiento por los 18 años en que los hermanos De La Salle, estuvimos dirigiendo el colegio agrotécnico San Benito en la localidad santiagueña de Santos Lugares, perteneciente a la diócesis de Añatuya.

La misa fue presidida por el obispo, Adolfo Uriona (fdp), junto con los sacerdotes Duilio Guerrieri, fundador de la escuela, Juan Carlos Constable (sj), párroco de San José de Boquerón, Cristian Ducloux (fdp), ecónomo de la diócesis, y Juan Ignacio Liébana, párroco de Santos Lugares.

Fue una hermosa celebración, ya que asistieron muchas personas del lugar y los alumnos del colegio. Hubo palabras de agradecimiento por parte del padre obispo por los años de presencia de los hermanos en la obra. Se comentó el proceso llevado a cabo para que hoy la escuela se transforme en una E.F.A. (escuela de la familia agrícola), que tiene un sistema de alternancia de los alumnos y un secundario completo, un sueño largamente esperado por nosotros, y se presentaron a las nue-vas autoridades: el rector, Marcelo Santillán y la secretaria, Moira. Una obra que a partir de este año es llevada adelante por laicos santiagueños.

También hubo palabras de agradecimiento a la tarea llevada por los hermanos Roberto y Bartolomé durante los 15 años que estuvieron en la obra y al hermano Armando, durante 13 años.

Una de las frases dichas por monseñor durante la homilía fue: “Es tiempo de los laicos en la Iglesia”.