Más testimonios sobre monseñor Gottau

En el anterior número de nuestra revista les decíamos que estamos muy interesados en conocer la personalidad de monseñor Gottau a través del testimonio de las personas que lo conocieron. Ese interés nos llevó a entrevistar algunas personas que compartieron momentos de la vida del primer obispo de Añatuya.
Ellos nos contaron anécdotas muy sentidas que nos ayudan a conocer más profundamente a “ nuestro padre” Jorge Gottau.
En esta oportunidad publicamos dos testimonios muy interesantes.

Testimonio de Daniel Allub
Su familia albergaba a mons. Gottau cuando éste pasaba por la capital de Santiago del Estero.

Yo lo conozco de muy chiquito, mi madre era presidente de la Acción Católica y directora de Cáritas de Santiago. Mi madre trabajaba en el obispado de Santiago del Estero, por eso mi casa era visitada por muchos sacerdotes, por allí creo que llegó el contacto con monseñor Gottau. Cada vez que hacía la recorrida a su diócesis tenía que pasar por Santiago y paraba en mi casa, es más, la habitación de huéspedes se preparaba para él. Recuerdo que cuando estaban, con el padre Emilio, en la capital por temas de papeles o trámites monseñor normalmente dormía la siesta mientras que el padre Emilio entraba y salía de casa toda la tarde, mi mamá y su hermana tomaban mate todos los días a la hora de la siesta, el padre Emilio pasaba tomaba un mate y seguía, era de una persona muy activa.

Monseñor era de una personalidad muy carismática con una gran dosis de humildad, que sabía escuchar, tenía ese don de saber escuchar, era muy campechano, paciente, era como de la familia, venía casi todo los meses, almorzaba con nosotros y descansaba, después seguía viaje. Tenía una gran simpleza y un gran sentido de la acción en cuanto no mandar a pedir, iba él personalmente, como cabeza de la obra, a las parroquias de Buenos Aires a mostrar su obra y la necesidad que había en esa zona. Me acuerdo que en unos de sus viajes a Alemania consiguió una unidad móvil de salud, una de las primeras, en ese momento en Santiago del Estero no había casi ni ambu-lancias, y tuvo que moverse mucho porque no se la dejaban entrar al país.

La verdad que ha hecho un trabajo magnífico, un trabajo de hormiga, recorría rancho por rancho. Aún cuando sufría su enfermedad en el estómago. Era un hombre de mucha acción, un precursor, trabajó mucho en los temas centrales de una población olvidada. En el chaco santiagueño la gente sufrió mucha explotación, Gottau enfrentó una realidad muy dura, por ejemplo, los dueños de las explotaciones madereras les pagaban a los empleados con bonos para cambiar por mercaderías en los negocios de los mismos empresarios, una situación de esclavitud. Lo que él hizo lo hizo siempre desde el sentido social porque los gobiernos de Santiago del Estero se acordaban de la gente sólo cuando había elecciones, en esos momentos daban alimentos para que los votaran y luego la gente era totalmente olvidada.

Gottau empezó a cambiar el sentido y a trabajar desde la acción enarbolada por él mismo, no desde el discurso sino desde la acción, él trabajaba, él pedía, él era la cabeza de esa obra activa para hacer que el hombre olvidado resurgiera y tuviera posibilidades de crecer. Tal es así que se ocupó de dos temas básicos que deberían ser obras de los gobiernos y no de los obispos, como la salud y la educación.

Él nos contaba la difícil realidad que encontraba en las casas, contaba que por ahí en una casa vivían 15 perso-nas hacinadas en una pieza, con todo el problema del chagas o que, como no entraban en el rancho, dejaban uno de los hijos durmiendo en el chiquero con los chanchos, recuerdo que a una chiquita le trajo los brazos y las piernas ortopédicas de Alemania, porque se los habían comido los chanchos en el chiquero.

Tuvo una visión muy sistémica del hombre, no era de sólo ir a predicar y hacer apostolado sino que, a la vez, buscó la promoción integral de las personas, tanto social como espiritual. La síntesis me parece que es esa.

Llevó gran cantidad de obras religiosas que se dedicaban a la educación. También en el aspecto pastoral, llevó a muchos sacerdotes y se preocupaba mucho por la situación personal de cada uno, los acompañaba mucho. Tuvo ese espíritu caritativo cristiano, tanto para con los fieles como para con sus sacerdotes y religiosas. Él en persona buscaba a los sacerdotes y las hermanas para llevarlos a su diócesis y los acompañaba como un padre.

Yo estuve con él la noche antes de que muriera, tenía cáncer de estómago, lo fuimos a visitar con mi madre al departamento donde él estaba, un departamento que le prestaban los Pérez Companc, me acuerdo que lo asistían dos hermanas de la Cruz, de una orden que estaba trabajando en Añatuya. Me acuerdo que me pregunté por qué esa soledad, generalmente los santos mueren solos, ¿no?

Monseñor nunca tuvo esa postura del obispo que está allá arriba, llevaba bien su investidura, su autoridad, con el respeto correspondiente, pero sabía manejarse muy bien en cada ámbito en que le tocaba dialogar.

Gottau era un hombre de una gran simpleza, encarnó las tres virtudes, fe, esperanza y caridad. Era un hom-bre de una gran fe, esperanza por-que sin ella no podría haber hecho todo lo que hizo, enfrentó una miseria absoluta, no había nada de nada y generó una obra enorme, una diócesis pujante, de acción, y la caridad en el sentido social. El cristiano está llamado a vivir la vida de Cristo y creo que él la vivió a pleno, Jesús no vino a ser servido sino a servir, y Gottau lo tenía bien claro.

Le gustaba compartir con la gente los festejos, pero cuando tenía que trabajar trabajaba, sabía acercarse a la gente sin perder su autoridad. Además tuvo la capacidad de rodearse de las personas que necesitaba para desarrollar una obra tan importante, semejante obra no la hace una sola persona, es resultado de un trabajo en equipo, una gran capacidad de liderazgo, supo elegir sus colaboradores, el padre Emilio por ejemplo, o los sacerdotes a los que enviaba a la soledad del monte, esos son tanto o más meritorios que Gottau. Siempre tenía la meta de pedir para dar, para seguir haciendo la obra. Siempre estuvo más allá del momento político y supo enfrentar una realidad tan dura, trabajó mucho para llevar el agua al centro de la diócesis.

Era una persona de una gran simpleza y a su vez profundidad, te podía conmover y cautivar, tenía la capacidad de acomodarse al nivel de audiencia que tenía, podía hablar con un ministro, un presidente o con un niño. Eso es importante porque muchas veces cuando una persona llega a un nivel importante pierde esa frescura, que la conservan sólo los que poseen un alto grado de sabiduría, creo que Gottau tenía esa sabiduría de poderse acomodar para dialogar de igual a igual con quien fuese su audiencia, y eso no se ve mucho en personas de tanta influencia como él.

Es una virtud no perder el sentido, no dejar de hacer y de trabajar por los pobres, luchó siempre para mejorar la condición vida de sus semejantes, eso nunca lo dejó. Principalmente su objetivo fue defender el derecho de los más olvidados. Creo que para la Argentina el chaco santiagueño es como Calcuta para el mundo, y sin compararlo con la madre Teresa fue un poco como ella, o mucho. Otra anécdota que me acuerdo que contaba, en el hospital de Añatuya a los chicos que nacían los envolvían en papel de diario porque no había pa-ñales. Nacían entre papel de diario, se criaban entre los chanchos y morían por la vinchuca.

Monseñor Gottau trabajó en evitar que lleguen al alcoholismo o a la drogadicción, trabajó para darles educación, salud primaria, alimento, agua, caminos, un oficio.

Testimonio de Pilar Vilaplana
Pilar llegó a la diócesis hace 44 años y aún trabaja activamente en la promoción de las jóvenes y mujeres más necesitadas de Añatuya

Cuando, de la Fundación, me propusieron hablar de experiencias o de vivencias de monseñor Gottau yo les dije que no hace falta que me prepare, eso no se prepara porque somos herederos de él, nuestro estilo de trabajo es el de discípulos de Gottau, desde el principio.

Una anécdota de los primeros tiem-pos, cuando estábamos repartiendonos los barrios de Añatuya, yo recién llegaba de Barcelona, con mucha ilu-sión con muchas ganas de trabajar, esa es la verdad, eso te lo contagiaba él por todos los poros. La ilusión con la que él trabajaba y se entregaba era algo contagioso y nosotros fuimos víctimas de su contagio. Así fue, cuando dijo: “ a este barrio que son ferroviarios, medio anticlericales, a quién vamos a mandar”, y yo, claro, como la inocente que recién llegaba dije: “monseñor, mándeme a mí”, tengo grabada su mirada penetrante, él me miró de arriba a abajo y me dijo: “¿usted quiere, Pilar?”, yo dije: “¡sí!”. Ese primer envío dentro de la ciudad de Añatuya se me grabó en el corazón.

Él, que amaba profundamente su diócesis y que nos lo contagió, nunca nos mandaba, nos proponía, nos hacía como gustar y descubrir las necesidades, de tal manera que uno tenía que ofrecerse, te salía del corazón decir: “monseñor, aquí estoy ”, pero era su forma de presentarlo, yo sentía como cuando Jesús decía “la mies es mucha y los obreros son pocos”. Nunca comprendí como hay gente que se puede resistir al llamado.

Otra cosa que yo viví mucho, y empecé con los talleres de costura, porque una de sus mayores preocupaciones era la formación de la mujer, como base de la familia, aquí el hombre tiene que emigrar, hasta el día de hoy, a trabajar afuera y la mujer se queda con numerosos hijos, tiene que hacer frente a su educación, a su sobrevivencia también, la mujer tiene una carga muy fuerte en nuestra zona. Una de las preocupaciones que él descubrió y quiso em-pezar fue la formación de la mujer.

Cuando yo le escribí le decía que nunca había pensado salir de Barcelona, porque estaba muy comprometida ahí, pero la voz de un pastor, la voz de la Iglesia, que dice que no tenía nada, que él buscaba en Europa dinero y gente, y yo le escribí que dinero no tenía pero que estaba mi persona, si le servia de algo, yo en ese momento tenía 20 años, todo eso lo llevé muy en el corazón porque no dije nada en mi casa, pero me ofrecí.

Después reconocí que a muchos les hacía la misma propuesta y yo pensé que me la hacía sólo a mí. Cuando me ofrecí me dijo: “justo eso es lo que estaba necesitando”. Pero no me fui enseguida, tuve mi tiempo de preparación, no fue una cosa aventurera, ya me vine sabiendo que daba mi vida, pero para mí no era algo nuevo porque si no la daba en Añatuya la daba en Barcelona o donde la Iglesia me llamara. Fue cuestión de prepararse personalmente, también arreglar toda la documentación, porque me vine como inmigrante con radicación definitiva.

Y después me encontré aquí con un gigante, la verdad que era eso, un gigante silencioso, a mí me impresionó mucho su silencio, cuando él venía a visitarnos no te dabas cuenta y lo tenías al lado, porque era un gigante pero no hacía ruido. Así como físicamente era silencioso también en su forma de actuar, jamás buscaba un aplauso para él, era realmente como la encarnación del verdadero Amor de Cristo, que lo que hacía su mano derecha no quería que lo desnudara la izquierda, ese silencio que te conmovía porque te lo encontrabas y siempre la palabra que tenía conmigo era: “Pilar, necesita algo”, y con su presencia yo ya no necesitaba nada sólo su presencia te daba aliento, te daba fuerza, te daba confianza y eso realmente yo lo conservo como una gracia recibida desde el inicio.

Y lo lindo que fue esa llegada con ese sol radiante con la gente que te miraba pero que te acogía, me metí en una experiencia tan hermosa. Y te encontraste con monseñor y monseñor es una figura tan especial tan única que si no hubieras hablado con los demás te hubieras pensado que vos eras la preferida de él, después hablabas con alguien y sentía lo mismo también se sentía preferida de él, evidentemente no lo eras. Pero era su forma muy personal. Cuando vos ibas a su escritorio, porque tenías que consultarle algo, “siéntese Pilar” te decía, como si no tuviera otra cosa que hacer, yo no lo vi nunca mirarse el reloj cuando hablábamos, te sentías realmente como cuando un padre escucha a su hijo, con esa cercanía con las personas que después uno ha descubierto que la tenía lo mismo con un agente de personal como con un hachero, como con los niños, esa cercanía personal, yo creo que era eso lo que cautivaba nuestro corazón, sin razonarlo, pero nos cautiva una persona que realmente te hace sentir acogida personalmente, estés como estés, y que después te diga: “¿qué necesita?”, normalmente uno decía: “nada monseñor”. Yo podría hablar tres días enteros si quieren.

Aún sigo con esa prioridad que él me puso, desde el principio, de preocuparme de la promoción y evangelización de la mujer, actualmente tenemos ya una escuela secundaria con talleres de costura, peluquería, auxiliares de enfermería, todas esas cosas que, además de sus estudios, la mujer necesita saber para poder hacer frente a su familia de una manera digna. Sigo con esa misión. Tenemos también un albergue para más de 50 chicas que vienen del interior de la diócesis, del campo, aquí pasan todo el año escolar para hacer la secundaria. También con ellas vamos a sus familias, así que la parte misionera es a través de las mismas alumnas.

Ahora nos ha llegado un obispo que también es un regalo de Dios, joven, muy moderno con todas esas estruc-turas que nos hace marear un poco porque nosotros éramos como francotiradores, ahora resulta que el obispo quiere las cosas más organizadas bien hechas y en conjunto. Es verdad, yo estoy completamente segura que ha llegado el momento, ahora es el momento de una pastoral de conjunto, de remar hacia el mismo lugar, de armar unas estructuras que sean realmente más sólidas para que podamos seguir trabajando de acuerdo a los tiempos actuales.

Verdaderamente todo ha sido muy llevado por Dios, primero monseñor Gottau, un obispo misionero, que empezó de cero y que tuvo que morir con las botas puestas, dio su vida hasta el final. Y ahora tenemos otros tiempos, hay otros medios, otras posibilidades, hay otra gente, veo que hay muchos argentinos gracias a Dios que se movilizan por su realidad argentina, porque Añatuya es Argentina también, sé que en este país hay gente muy capaz, sé también que hay mucha plata, muchas posibilidades y ahora estamos viendo esa respuesta con los misioneros, con la Fundación Gottau, tantas cosas que vienen ahora. Son ustedes los que continuarán todo esto y ya se ve el fruto y el compromiso de mucha gente de Argentina.

Son cosas que las llevo en el corazón, es una gracia de Dios.