por R. P. Cristian Ducloux (fdp)
El bien, que sólo Dios ve
Entre navidad y año nuevo hemos compartido un campamento formativo con chicos del monte santiagueño. Para mí fue una experiencia fantástica, ¡como he disfrutado! y no tanto, por las actividades o paisajes visitados, sino por la alegría y el gozo que causaba en mi alma la felicidad de aquellos chicos que hemos llevado. Algunos de los cuales para no perderse el campamento tan esperado, tuvieron que salir de sus casas la madrugada del 25 de diciembre, pasada las 12 no más, después del brindis y antes que la lluvia anegara los caminos que unen sus casitas con el paraje más grande de la zona como es Santos Lugares.
El 25 por la tarde partí de Añatuya a Santos Lugares y por ahorrarme algunos kilómetros, (150 km menos) tomé el camino más corto, pero que tiene tramos de ripio y otros de tierra, (240 km) sin saber que a 150 km de Añatuya había llovido… tuve que transitar tramos muy difíciles, con la camioneta llena de mercadería, solo, y de noche, rogando a Dios no quedarme encajado, ya que la marcha de la 4x4 se esforzaba al máximo, gracias a Dios pude llegar al cruce (intersección de dos caminos) donde comienza el ripio a Santos lugares, la lluvia había llenado los aljibes así que antes de seguir camino lavé la camioneta en las casa de las hermanas dominicas. No sirvió de mucho ya que los restantes 70 km el camino se encargó de ensuciarla nuevamente.
Para mi sorpresa al llegar a Santos lugares, me encontré con 12 chicos que ya hacía un día que estaban esperando para partir de campamento. Tímidos frente a un desconocido como yo, con aires de porteño preguntón que sin ningún problema se hace dueño del lugar. En esa mesa reconocí chicos de Huachana, eran de una casa a la que había ido a pedir agua, y luego me convidaron unos mates, y de a poquito, estirándoles la lengua… me llegaron a contar, o eso interpreté… que estaban muy contentos. Al cabo de unos minutos, se cortó la luz del pueblito, no hay luz eléctrica sino que gracias a unos generadores se obtienen luz por medio día, se hizo todo oscuro y como de costumbre para toda la zona ese corte manda a todos a dormir…
Llego el día de la partida (aunque para algunos ya había comenzado hacía más de 24 horas) se subieron a un micro tipo escolar que los llevaría 70 km hasta la ruta, para luego volver a cambiar de micro y así llegar al camping del Dique Cadillal, en Tucumán. En el cruce nos encontramos con otros chicos de otros parajes. Faltaron algunos, aquellos que no fueron precavidos y no salieron a tiempo de sus casas, quedando en los caminos intransitables.
Para la gran mayoría de los chicos era la primera vez que subían a un micro doble piso, toda una experiencia, pero el asombro se manifestaba como de costumbre… en su silencio, su mirada profunda, y su cercanía física por la cual uno tenía que interpretar un muchas gracias. ¿Qué pensarán esos chicos, que sentirán, como nos mirarán a los que no somos de esos pagos, con distinta cultura, forma de expresarnos, de tratarnos…?
Me he tomado el trabajo de contarles las peripecias previas a la partida, para acercarlos a la realidad de nuestros chicos, de donde vienen estos niños de entre 11 y 18 años, que en algunos casos como el de Paola y Fernanda ya son mamás y no tuvieron reparo de viajar con sus niños, claro, si ellas eran niñas con niños en brazos (ese es otro tema complejo, que sólo se puede juzgar, estando y conociendo la realidad, sino es injusto cualquier juicio).
Conociéndonos…
El mundo interior del santiagueño es una riqueza cultural, persona profunda, callada, observadora, poco acostumbrados a recibir afecto, o mejor dicho que el afecto sea demostrativo. Las familias del interior santiagueño están conformadas por muchos hijos, a veces de padres distin-tos, donde el varón se ausenta mucho, ya que trabaja desmontando o en las cosechas del sur; ausencia, muchos hijos, seres callados, va conformando personas tímidas, autoestima poco desarrollada con una gran capacidad de amar y mucha necesidad de ser amados. Los chicos van creciendo en este mundo, con estas tradiciones y costumbres.
¡Qué lindo es ser amado y que te lo demuestren con gestos concretos!
Durante esos primeros días de campamento observaba como al padre Juani se le colgaban los chicos del cuello, o como buscaban distintas excusas para estar cerca, aunque sea cerca de aquel que sólo está para quererme, que piensa en mí, que pasa con su camioneta toda embarrada a cualquier hora del día o de la noche, que me saluda, bendice, acaricia, me dice cosas lindas, que piensa en mí… (la oí decir a una niña llamada Mercedes).
Podría contar muchas experiencias de esos días, las tardes en el río, las caminatas por los cerros, el último día en el catamarán, pero ¡no! Sólo quiero contarles lo hermoso que es amar por amar y el bien que hace.
Pasaron los días y a mí me llegó la hora de volverme; tuve que dejar el campamento unos días antes para poder realizar unos trámites en Buenos Aires, un poco triste ya para esa altura también comenzaba a compartir diálogos más fluidos con los chicos, y también de “a poquito”, como dicen los santiagueños, su cariño.
Sé que volvieron el 30 de diciembre de Tucumán, sólo 360 km aproximadamente separan los parajes más lejanos del Cadillal pero, igual que a la ida, esos kilómetros se hicie-ron largos para algunos, llegando a sus casas el 31 por la tarde, justo a tiempo para arreglarse y compartir en fami-lia la espera del nuevo año. Me imagino, que deben estar hasta el día de hoy contando todo lo vivido, ¡qué bien que hace el bien cuando lo que único se busca es el bien…!
La vida de un sacerdote y religioso en el monte santiagueño es amar, amar a Jesús, es contemplar, acariciar, sanar, ayudar a crecer, es hacer el bien que solo Dios conoce. Mi reconocimiento a todos los sacerdotes, laicos y consagradas que hoy dan la vida en el monte santiagueño. El bien que hacen sólo Dios lo ve, y lo disfrutan con todo su ser los más pobres que hasta muchas veces no tienen pala-bras para expresarles todo el bien que les hacen amándolos, entregando lo más importante que tienen que es su vida, su tiempo, que no se recupera humanamente pero gracias a Dios se hace eterno con los ojos de la fe.