por Guille González

Añatuya en Pinamar o “los efectos colaterales de sólo pedir plata”

Durante el primer fin de semana de 2010 realizamos por quinto año consecutivo la campaña de recaudación y difusión de la Fundación Gottau en la parroquia Nuestra Señora de la Paz de Pinamar y sus capillas. Esta campaña nos permite, año a año, generar recursos para las obras de la diócesis de Añatuya a través de las colectas en la puerta de los templos y de donaciones mensuales, pero también es una campaña que nos permitió crear un fuerte vínculo con la comunidad de la parroquia y con los jóvenes de la obra Don Orione de Mar del Plata que nos ayudan cada año.

No sé si viene al caso, pero quiero reconocer que cuando comencé a trabajar en la Fundación Gottau, allá por marzo de 2005, sentía que nues-tra tarea era algo escasa por el hecho de que se limitara a pedir dinero para el obispado de Añatuya. Me entusiasmaba mucho la idea de poder ayudar a una de las diócesis más po-bres del país y colaborar con el padre Adolfo, pero venía con cierto prejui-cio respecto del hecho de “sólo pedir plata”. Lo cierto es que pronto vencí ese prejuicio y me di cuenta que estaba equivocado cuando creía que pidiendo dinero cercenábamos la po-sibilidad de vincularnos con nuestros hermanos de la diócesis de Añatuya desde otro lado.

Rápidamente comencé a relacionarme con cientos de personas que comparten sus bienes con nuestros hermanos de Añatuya y se vinculan con ellos a través de la comunidad de amigos de la diócesis que conforma la Fundación Gottau. Algunas de esas personas han adoptado la causa Añatuya y la promueven entre sus conocidos y, también otras nos han dado la posibilidad de realizar campa-ñas en las instituciones a las que pertenecen o conducen. Estas perso-nas de corazón caritativo me hicieron aprender, gracias a Dios, que existen “los efectos colaterales” de la acción de pedir dinero para colaborar con el sostenimiento de la obra de evangelización y promoción humana.

La campaña de la Fundación Gottau en la parroquia Nuestra Señora de la Paz de Pinamar y sus capillas es un ejemplo ya que permite darnos cuenta que pedir dinero para apoyar una causa tan importante como la causa de Añatuya no es “sólo pedir plata”. Mejor les cuento.

La primera campaña de la Fundación en Pinamar se realizó, gracias a la generosidad del padre Pablo Etche-pareborda, cura párroco, el primer fin de semana de enero de 2006 y fue llevada a cabo por cuatro inte-grantes del equipo de la Fundación ayudados por algunos de sus fami-liares que pudieron acompañarlos. La campaña consistía en que uno de los miembros del equipo de la Fun-dación hablara a los feligreses en la acción de gracias de la misa y al terminar la celebración los otros miembros de la Fundación estuvieran dispuestos a la salida del templo con alcancías para recibir las donaciones.

Año a año repetimos la campaña durante el primer fin de semana de enero. El compromiso de la Funda-ción con la campaña fue creciendo, se incorporó monseñor Adolfo, nos acompañaron sacerdotes de la obra Don Orione, el año que presentamos el libro sobre Jorge Gottau nos acom-pañó Juan Carlos Pisano y desde el segundo año contamos con la ayuda de voluntarios de la ciudad de Mar del Plata. También fue creciendo el compromiso del padre Pablo y de la comunidad de Pinamar, a la colaboración de las alcancías, el párroco, nos permitió agregarle la posibilidad de sumarse a la Fundación mediante la donación mensual, vender el libro sobre la obra de monseñor Gottau y, este año, hasta nos ayudó a pedir colaboraciones para Añatuya a través de mensajes de texto.

Pero las enseñanzas más interesantes de estos cinco episodios de la campa-ña de Añatuya en Pinamar vienen de los efectos colaterales causados en el grupo de voluntarios de Mar del Plata y en la gente de la parroquia Nuestra Señora de la Paz.

Para graficar el efecto que causó la campaña en los chicos de la obra Don Orione de Mar del Plata compartimos con ustedes el testimonio de Delfina, de 18 años, egresada del Instituto Don Orione que se prestó amablemente a dialogar acerca de su experiencia.

¿Qué te pareció el hecho de tu participación como voluntaria en las campañas de la Fundación Go-ttau en Pinamar?
Hace cuatro años Juan Javier Vig-nola, del colegio, nos propuso ayudar a la diócesis de Añatuya en la cam-paña de la Fundación en Pinamar. Vinimos varios chicos de Mar del Plata y luego la propuesta fue cre-ciendo y formamos un grupo de jóvenes que se llama “Abriendo ca-minos”. Esta experiencia nos ayuda a todos porque hablamos mucho sobre la realidad de Añatuya y sobre las necesidades que hay en una de las diócesis más pobres del país; por eso venimos con la intensión de dar una mano para ayudar a esa gente tan necesitada. Esta colaboración por mínima que sea nos hace sentir muy bien, lo bueno es que entre todos ayudamos porque es una tarea grupal, con el grupo le podemos brindar una colaboración a la gente de Añatuya.

¿Qué cambios notaste en la cam-paña durante estos años?
El primer año éramos un grupo chico y nos acompañaron directivos del colegio, además no teníamos tanta organización cómo actualmente, ni usábamos las gorras y las pecheras; ahora nos ven o nos ven. Nuestro grupo es mucho más grande y es una alegría que seamos tantos y que cada vez se sumen más jóvenes con ganas de ayudar. El país necesita gente con la motivación de ayudar a los demás. En nuestro país hay mucha gente con ganas de hacer cosas por los demás, pero que no las hace. Esta oportunidad que se nos presenta es apropiada para trasmitir a los adultos las ganas de participar y no quedarse con las ganas de ayudar. Va más allá de ayudar a la diócesis de Añatuya.

¿Les gustaría conocer Añatuya? ¿Ir a misionar?
Tenemos muchas ganas de conocer. Nos estamos preparando para ir a misionar a la diócesis, tenemos mu-chas ganas de viajar, pero queremos prepararnos bien, prepararnos espiri-tualmente para ir con el corazón abierto para colaborar en lo que sea necesario. Estamos seguros que cuando vayamos vamos a movilizar a muchos porque son muchos los que quieren colaborar con Añatuya.

Para cerrar el capítulo de los chicos de Mar del Plata les cuento que varios de ellos se comprometieron a realizar donaciones a la Fundación a través de Pago Fácil.
Ahora les cuento sobre los efectos de la campaña en la gente de la parroquia de Pinamar

Cuando finalizamos la campaña de enero de 2009 el padre Pablo le mani-festó a monseñor Adolfo la intensión de viajar a Añatuya con un grupo de laicos de la parroquia para conocer, pero también para ayudar de alguna manera.

Del 17 al 21 de septiembre de 2009 el padre Pablo junto con 57 feligreses de la parroquia Nuestra Señora de la Paz realizaron una misión en los barrios Tiro Federal, Villa María y Villa Nilda de la localidad de Añatuya, las mujeres visitaron las casas y colaboraron con la catequesis mientras que los hombres trabajaron en la reconstrucción de un salón que antiguamente funcionaba como capilla.

Se ve que se vincularon de una manera especial con esa comunidad de Añatuya porque los invitaron a conocer Pinamar y concretaron dicho viaje para los últimos días de enero.

Con su esfuerzo y algo de ayuda de la Fundación costearon gran parte del viaje y recibieron a los 25 hués-pedes añatuyenses en la capilla Beata Laura Vicuña, de Ostende, en-tre el 21 y el 26 de enero.

Durante la campaña de este año la gente de la Parroquia también nos dio una mano con las alcancías a la par de los chicos de Mar del Plata y durante la cena del domingo 3, después de la misa de las 22.00, nos contaron sus experiencias de la mi-sión en Añatuya. Les impactó la hos-pitalidad de la gente del barrio, destacaban cómo los atendieron y los vieron dispuestos a dar todo lo que necesitasen a pesar de su situa-ción de falta de recursos materiales. Se mostraron conmovidos por la realidad de los barrios, pero contentos de haber dado una mano. Quedaron con ganas de volver para seguir ayudando y conociendo, por-que los hombres nos contaron que no pudieron recorrer Añatuya ya que sino no terminaban con los arreglos del salón.

Queda claro que lo que comenzó como una sencilla campaña de re-caudación abrió muchas posibilidades de encontrarnos con Dios y con nuestros hermanos. Es evidente que cuando hablamos de la obra de mon-señor Gottau y pedimos donaciones para sostener la labor de nuestra Iglesia en la diócesis de Añatuya la cosa no queda allí; los “efectos colaterales” de estas acciones son impredecibles y, cuando aparecen, nos gratifican el ciento por uno.