Ordenación Sacerdotal de Carlos Dorado

La ordenación sacerdotal del diácono Carlos Delgado, un hijo de la ciudad de Añatuya, se realizó en la Catedral diocesana a las 19.00 del jueves 12 de marzo de este año. Se aprovechó para hacer esta hermosa celebración al finalizar el encuentro diocesano de pastoral que se realiza cada año en Añatuya y del que participan gran cantidad de sacerdotes, religiosas, religiosos y agentes de pastoral de todos los lugares de la diócesis, lo que permitió que la gran mayoría de los participantes del encuentro estuvieran en la ordenación. También lo acompañaron sus familiares, amigos, feligreses de la capilla Nuestro Señor de los Milagros de Mailín, en la que forjó su vocación sacerdotal, y laicos de la parroquia San Francisco Solano de la localidad de Bandera, donde desarrolla su labor pastoral desde que fue ordenado diácono. Además llegó una delegación del seminario de San Rafael compuesta por sacerdotes y seminaristas.

La celebración fue muy emotiva, tanto por lo que significa para la comunidad diocesana de Añatuya tener un nuevo sacerdote y también porque deberán pasar varios años para que otro hijo de la diócesis sea ordenado.

Después de celebrar el sacramento del orden, los participantes hicieron la tradicional procesión para besar las manos al nuevo sacerdote y, finalizada la misa, la fiesta continuó en el centro recreativo San Jorge donde se compartió una comida a la canasta en un clima de mucha alegría.

Además de las fotos, de la ceremonia y del festejo, queremos ilustrar esta nota con algunas de las palabras que dijeron monseñor Adolfo en la homilía y el padre Carlos en el momento de la acción de gracias.

Homilía del obispo Adolfo Uriona

Querido Carlos, has elegido para tu ordenación sacerdotal la lectura del capítulo 10 del evangelio de san Juan, “el buen pastor” sonde Jesús afirma: “Yo soy el buen pastor, y el buen pastor da su vida por las ovejas”. Hoy nos podemos preguntar ¿qué significa dar la vida? Y, una de las respuestas es, por ejemplo, tu opción por el sacerdocio.

Tomando la carta de san Pablo a los corintios, dar la vida significa querer desempeñarse en un profundo conocimiento de la verdad. “Yo conozco mucho de esto, sobre todo por mi camino” dice san Pablo. Un conocer que no es un conocimiento meramente nocional, de ideas, sino un conocimiento que tiene como modalidad el amor y que parte del amor. Conocer significa, aquí, una preocupación y una entrega por el otro. Conocer significa, aquí, privarte de vos mismo y entregarte a los demás. Este es el conocimiento, como dice san Pablo, que se preocupa por los demás; el pueblo de Dios debe ser tu ocupación y tu preocupación. De esta ocupación y preocupación surge la creatividad pastoral propia del pastor que busca a las ovejas, a todas, pero particularmente a las más alejadas. Tengo otro rebaño del cual debo también preocuparme, dijo el Señor. Que en tu calidad pastoral, que busca conocer a las ovejas, nunca te quede ninguna oveja por conocer, que siempre vayas a buscar a aquellas que están lejos y las que son reacias quizás por resentimientos.

También, dar la vida comprende, hoy en día más que nunca, enseñar. Enseñar en la verdad, como dice san Pablo. Esa verdad tiene como fuente la palabra de Dios. Para que puedas transmitir la verdad debes vivir la palabra de Dios; esto implica leer, meditar, rumiar, hacer tuya esa palabra de verdad para, después, ir a la gente, ir a conocer al rebaño de manera auténtica, no de manera superficial.
Si buscás sinceramente al Señor vas a superar la sutil tentación del protagonismo pastoral, es decir que vas a buscar que el Señor sea conocido y no vos, señalándolo siempre a él, como hizo Juan el Bautista. De esa manera serás también verdadero servidor del pueblo de Dios, porque vas a transmitir a Jesús, no vas transmitir a Carlos.

Finalmente, dar la vida significa tomar conciencia de que el maravilloso tesoro del ministerio sacerdotal es como un recipiente de barro, vulnerable, que necesita siempre de la fortaleza que solo viene de Dios. Tendrás que buscarlo en tus encuentros periódicos con el clero y con la comunidad, en la eucaristía, y en los largos momentos de oración delante del Santísimo. No temas; “no temas que yo estaré contigo” –dijo Jesús-, no temas nunca.

Estamos en un mundo cada vez más agresivo, especialmente para con nuestra fe cristiana, un mundo que quiere impedir a Dios, que quiere desterrarlo de nosotros, que quiere desterrar la cruz de nosotros pero, “no temas que yo estaré contigo”. Si te aferrás a Dios, que es simple, humilde, sencillo, si confiás en su palabra vas a encontrarlo siempre a tu lado.

Que María santísima, la madre del amor hermoso, la madre del único y eterno sacerdote, que es también tu madre, sea tu sostén. Tienes que tomarte de su mano y así serás un santo sacerdote.

Palabras del neosacerdote Carlos Dorado

Se me llena el corazón de alegría de pensar en este momento que esperé durante estos nueve años y la emoción que uno tiene de vivir en esta acción de gracias. Acción de gracias a Dios que por su infinita misericordia me ha creado, me ha puesto en una familia, me dio la vocación de cristiano, y no se conformó con eso, sino que me dio algo más sublime como es la vocación sacerdotal. Algo que, lo que uno siente, no se puede definir con palabras.

Siento la necesidad de dar gracias a la Virgen, que con su mano maternal me cuida día a día, siento su protección como también siento la fuerza de las oraciones que ustedes hacen y van a seguir haciendo.

Agradezco a mis padres el don de la vida y el haberme acompañado superando el miedo a mi vocación. Me han acompañado día a día, agradezco a ellos.

Agradezco también al padre Rubén y al padre Gabriel que me acompañaron desde que presenté con mi inquietud vocacional a los nueve años. Con su ejemplo de vida me marcaron durante mi adolescencia, sobre todo el padre Rubén. Me enseñaron a sentir esa alegría de querer entregarme por completo a Dios, a lo que él quisiera, a pesar de todo lo que ocurra. Ellos me han dejado una huella en el alma.

Agradezco también al seminario; a los seminaristas y formadores aquí presentes y a los que no han podido venir por estar en San Rafael celebrando los 25 años del seminario. Agradezco a ellos que con su ejemplo y su dedicación me han hecho sentir en familia. Yo creía que ir al seminario era dejar la familia, pero me he sentido en familia; han sido los mejores ocho años, han sido los años más felices de mi vida que nunca voy a olvidar. Fueron años maravillosos, a tal punto que cuando me ha tocado venirme ha sido una llorada, he dejado muchos amigos, he dejado amigas.

También quiero agradecer a la comunidad de la capilla del Mailín que todos los jueves se dedicaba y se va a dedicar a rezar por las vocaciones, así llueva o haga calor siempre rezan frente a Jesús sacramentado para que haya nuevas vocaciones.

Agradezco también a la comunidad de Bandera que me adoptó, mientras he dado estos primeros pasos de experiencia; lo aprendido en el seminario se tiene en la cabeza, pero a la hora de la práctica es otra cosa y uno se da algunos golpes. Ellos me acompañaron día a día y me acompañan estando aquí presentes. Agradezco también al padre Ramón que me ha recibido en su parroquia y que día a día me ha orientado con su protección paternal y de compañero, agradezco a Dios porque me cuida, me guía y me protege cotidianamente.

Agradezco a los religiosos y religiosas que me acompañan en el cierre de este Encuentro diocesano de pastoral. Durante la asamblea parroquial, cuando estaba preparando el último examen, monseñor me dijo vamos a hablar de tu ordenación, ¿cuándo querés que sea? Le respondí: “mañana mismo”. Él me propuso que fuera al final de la Pastoral y me pareció muy apropiado porque es el único día del año que podemos estar todos juntos, quería que estén todos, también que estén presentes todos mis hermanos sacerdotes para que podamos vivir la Comunión que nos pide el Santo Padre, que nos pide Dios en definitiva.

Agradezco a todos, profundamente, por estar aquí, a los que han venido con mucho sacrificio, dejando sus labores cotidianas, muchas personas que han venido de lejos dejando sus tareas. En definitiva, solamente gracias.