La situación de las familias en la diócesis de Añatuya

El obispado de Añatuya lanzó, en 2008, un camino de preparación para el jubileo por los 50 años de la creación de la diócesis. Este año, la preparación pone el acento en las familias del territorio diocesano, entonces queremos contarles cuál es la situación de las familias de la diócesis de Añatuya.

Cuando comenzamos a intentar describir la realidad de las familias de la diócesis de Añatuya notamos que es difícil asociarlas con un único esquema familiar. Las realidades son muy diversas y una de las razones es que, en esta región del chaco santiagueño, se presentan muy diversos estilos de vida. Solemos considerar que un estilo de familia es más característico de las familias del ámbito rural y otro estilo se presenta más habitual en las familias que viven en las ciudades, pero estamos notando que este límite no es tan nítido ya que algunas situaciones problemáticas están presentes en ambos ámbitos.

Cabe considerar una realidad intermedia entre los ámbitos “rural” y “urbano”. Hay una importante cantidad de familias que habitaban en la zona rural sin título de propiedad de las tierras en las que vivían y procuraban su sustento y que, cuando esas tierras fueron vendidas para ser cultivadas, debieron mudarse y se fueron instalando en las afueras de las ciudades. Esa realidad cercana a la marginalidad acarrea algunas problemáticas como por ejemplo el alcoholismo y la falta de perspectivas de progreso.

Vamos a recurrir a las distintas descripciones de las familias de la diócesis a las que tenemos acceso con la intención de compararlas y poder describir la mayor cantidad de las diferentes situaciones que se viven en los hogares del chaco santiagueño.

Si nos basamos en lo surgido en el encuentro de grupos misioneros que se realizó este año durante la quinta Semana de Añatuya podemos decir que lo que realmente hace la diferencia entre las distintas realidades de las familias del territorio diocesano es el rol del varón en el hogar. Cuando preparábamos con algunos jóvenes misioneros el encuentro con monseñor Uriona conversábamos sobre cómo organizar la reflexión sobre las familias de la diócesis con las que ellos trabajan habitualmente y decidimos dividirla entre “las familias del monte” y “las familias de la ciudad”, pero cuando llegó el encuentro y particularmente el momento del intercambio de experiencias vimos que esa diferenciación no era del todo clara y lo que sí se veía era a las mujeres generalmente presentes, mientras que el rol del padre en la casa presentabas más variantes.

Los misioneros hablaron de familias con un esquema más tradicional, con el padre presente y otras en las que la falta de empleo del padre o la falta de perspectivas de progreso ya enunciada, provoca que haya que hablar de familias en las que el padre está ausente durante mucho tiempo porque viaja para trabajar en tareas agrícolas o ausente definitivamente porque se fue para no volver o directamente nunca estuvo. También hay familias conformadas por la unión de familias anteriores de quienes se unen en pareja (las definieron como familias ensambladas, las de “los míos, los tuyos y los nuestros”).

Si nos remitimos a la descripción de las familias de la diócesis que tenemos en los estatutos fundacionales de la Fundación Gottau encontramos lo siguiente:

El núcleo familiar está constituido muchas veces por:
- Mujeres solas con hijos de distintas uniones.
- Padres que crían los bebés que tienen las hijas adolescentes y permanecen solteras en la casa. En muchos ca-sos los nietos son mayores que los hijos y los crían todos como hijos propios.
- Familias compuestas por abuelos y nietos (los hijos se fueron a ciudades grandes en busca de trabajo dejando a los niños a la crianza de los abuelos).
- Durante largos meses, la mujer queda sola en la casa con 5, 6 o más hijos, porque el marido debe salir a tra-bajar en las distintas cosechas.
- Familias que, además de sus propios hijos y nietos, recogen a niños huérfanos o abandonados por sus pa-dres, o les han sido dados, ignorándose en algunos de estos su origen y apellido. Problemas que surgirán más tarde en su adolescencia.

El porcentaje de los matrimonios casados por civil e Iglesia es del 15%, sólo por civil el 40%, el resto son unio-nes de hecho. El promedio es de cinco hijos por familia. Muchos son hijos naturales, es decir no reconocidos por el padre.

La visión de monseñor Gottau
Tomemos también algunos párrafos de la nota que escri-bió el padre Hernán González Cazón para nuestra revista en la que nos contaba sobre el trabajo que impulsó monseñor Gottau para la promoción de la mujer con el objetivo de fortalecer a las familias de la diócesis.

“El obispo Gottau observó por un lado el papel fundamental de la mujer en la familia. En ese tiempo, década del 60, los varones de esta zona, emigraban permanentemente a trabajar en las distintas cosechas que a lo largo y ancho del país, les permitían obtener algún dinero para mantener a sus familias. La mujer quedaba sola y a cargo de los hijos, de sus numerosos hijos. En la mayoría de los casos se trataba de mujeres responsables pero con muy poca instrucción en todo sentido, dándose una especie de matriarcado. El obispo buscó fortalecer la familia dignificando y formando cristianamente a la mujer. Este fue su principal objetivo.

Al mismo tiempo también combatió los flagelos que gol-peaban permanentemente la realidad:

- Grandes zonas del noroeste argentino ponen en evidencia las graves carencias que padecen sectores importantes de la población, lamentablemente los más pobres, sobre todo el aspecto educativo y sanitario. Pero también abarcan la necesidad de una auténtica promoción de la mujer, que en estas latitudes muchas veces vive las consecuencias de una concepción “machista” asumida incluso por las propias mujeres. Da pena ver como mujeres jóvenes y capaces, muchas veces aceptan pasivamente el mal trato y la infidelidad de su cónyuge.

- Otro aspecto está vinculado al comienzo de la actividad sexual desde muy joven, que lleva a que muchas de ellas sean madres desde edad temprana y, en ocasiones, cedan sus hijos a los abuelos para su crianza. Ese aceptar un pa-pel secundario en la sociedad es lo que ha llevado a que muchas mujeres de la zona a vislumbrar como única sali-da laboral, el servicio doméstico en Buenos Aires u otras ciudades importantes del país.

- Se suma a eso la consiguiente emigración hacia otros horizontes en la búsqueda de encontrar un futuro más promisorio. No hay familia, creo yo, en Santiago del Este-ro que no tenga alguno de sus miembros viviendo en Buenos Aires u otras provincias. Deben ser más los santiagueños que viven fuera de la provincia que los que lo hacen aquí.

- Los riesgos que esta partida supone son grandes, incluso recuerdo lo que me han comentado sobre la situación de jóvenes mujeres, llegadas en numerosas ocasiones solas a las grandes ciudades, y que han sido captadas por las cadenas de prostitución que trabajan en ellas.

La tarea que emprendió monseñor Gottau buscando fortalecer la familia va a ayudar a combatir todo lo mencionado. Fue así como, con la ayuda de algunas de las con-gregaciones que llegaron a la diócesis y de algunos laicos con un compromiso fuerte en la fe, se organizaron talleres de oficios o de capacitación que estaban dirigidos a jóvenes mujeres.”

Encontramos muchas similitudes entre lo surgido en el encuentro de grupos misioneros y la descripción de la Fundación que se confirman tanto en el informe de los CCAI de Cáritas Añatuya como en lo escrito por el padre Hernán para un número anterior de nuestra revista, por todo eso podemos considerar acertada la afirmación de que la diferencia entre los distintos esquemas de las familias de la diócesis no radica tanto en el ámbito en el que viven sino más bien en el rol que cumplen los padres en el hogar.

 

Informe sobre las familias que ayuda Cáritas Añatuya en los Centros Comunitarios de Atención Integral

por el equipo de Cáritas Añatuya

Las familias de los niños que asisten a los C.C.A.I. (Centros Comunitarios de Atención Integral) provienen de la periferia de la ciudad y están inmersos en un escenario socio-económico de marginalidad y pobreza.

La población es de escasos e inestables recursos y presenta altos índices de desocupación y subocupación; los ingresos de los hogares provienen principalmente del trabajo en empleos temporales (albañiles, cosecheros estacionales o changarines) y, para la cosecha, tienen que viajar a otras provincias dejando hijos y familia sin sustento hasta su vuelta. También, algunas familias reciben bonos sociales o el beneficio de algún plan estatal.

Se constata la imposibilidad del acceso a un empleo digno ya que el nivel de instrucción que tienen los padres es bajo (en algunos casos sólo cursaron el nivel primario y pocos el secundario). En esta época en la cual la tecnología revolucionó el mercado laboral, no cuentan con la capacitación necesaria y se los excluye y margina. Así, se los obliga a vivir en un callejón sin salida donde deben crear constantemente estrategias para sobrevivir día a día solidarizándose entre sí.

Para intentar paliar la situación de necesidad que están sufriendo, recurren en búsqueda de ayuda a los C.C.A.I, referentes de Comisión Vecinal, parroquias, Cáritas de los barrios, Cáritas diocesana, al Municipio y están atentos a cualquier política asistencial que lance el gobierno.

En cuanto a las mujeres (madres) las que trabajan son una minoría y las que lo hacen son, en su mayor parte, empleadas domésticas. En algunos casos asumen la jefatura del hogar porque están solas, sin pareja, por separación o porque sus esposos emigraron a otras provincias buscando trabajo. La gran mayoría son adolescentes o muy jóvenes pero son responsables del hogar en el orden y en la administración de la vida cotidiana de su familia.

La mayoría de las familias son numerosas con necesidades básicas insatisfechas. Los hogares presentan poca comunicación familiar y escasa contención y estimulación. Las viviendas son deficitarias y precarias; en la mayoría de los casos cuentan con un solo dormitorio y un ambiente de usos múltiples donde se agrupan numerosos miembros y las instalaciones sanitarias se encuentran generalmente fuera de la vivienda, en forma de letrinas. Otros viven en la casa paterna junto a sus hijos, lo que provoca que sean dos o tres familias viviendo en la misma casa en condiciones de precariedad y hacinamiento.
La problemática que más aqueja a la población incluye los mencionados cuadros de hacinamiento, violencia fami-liar, maternidad adolescente, maltrato pasivo y activo, desnutrición, ausencia de hábitos de orden e higiene, droga y alcohol en los jóvenes.

Es muy frecuente que los varones que no tienen trabajo, en el cual se puedan sentir realizados y útiles, recurran a mostrarse autoritarios en sus familias, como mecanismo de defensa para aliviar el sentimiento de inutilidad que les genera la falta de oportunidades. Asimismo, las difíciles condiciones de vida, la marginación y la pobreza generan una acumulación de tensiones y estrés que los jefes de hogar descargan violentamente en su familia y se dan, por lo tanto, gravísimas situaciones de niños golpeados, abusados o insultados.

Las familias conviven con enfermedades endémicas tales como el mal de chagas, parasitosis, enfermedades respi-ratorias, enfermedades estacionales (alergias, diarrea) y desnutrición.

Se observa que, a la mayoría de los niños que se enferman los llevan al médico (hospital zonal o postas sanitarias de los barrios) pero, al no tener ingresos no les pueden com-prar los medicamentos y como no cuentan con cobertura social, entonces no los medican. La enfermedad se agudiza y los padres recorren las postas que cuentan con el programa Remediar, o recurren al municipio o al dispensario de Cáritas diocesana hasta que consiguen los medicamentos. Otros ni los llevan al médico, los automedican o la enfermedad les pasa como llegó.

Lo que destacamos de las familias es la gran religiosidad popular que demuestran poniendo todo en manos de Dios y la Virgen. Tienen imágenes que veneran en sus casas y no se sienten tan solos pues confían plenamente en Dios.

Los C.C.A.I. cumplen hoy no sólo con una función eficaz sino imprescindible ya que hace dos años se viene trabajando con los padres de niños en Organización Comunitaria con capacitaciones. Se están organizando y viendo los problemas que aquejan a la comunidad, en especial en los centros, de esta manera sienten propio el lugar donde asisten sus hijos. La organización es un gran paso que están dando los padres.