por monseñor Adolfo Uriona f.d.p.
Carta pastoral del padre obispo Adolfo Uriona (cuaresma 2009)
Como es habitual en la Revista Gottau, publicamos una síntesis de las cartas pastorales que escribe monseñor Adolfo Uriona, actual obispo de la diócesis de Añatuya. Es una síntesis textual porque se respeta el escrito original aunque se quitan las referencias propias al momento en que fue escrita para que no pierda actualidad en el momento de ser publicada y se trata de organizar en su aspecto de diagramación para una mejor presentación periodística.
En este tiempo fuerte (la Cuaresma) los cristianos nos disponemos exterior e interiormente a la celebración de nuestra fiesta mayor: la Pascua, es decir la “pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo”.
Deseo vivamente que todos podamos aprovechar real-mente estos días de gracia a través de la lectura orante de la Palabra de Dios, de la oración personal, del ayuno y de la Eucaristía; así podremos asociarnos al Señor Jesús “entregado a la muerte por nuestros pecados y resucitado para nuestra salvación”.
Por otra parte, ya se está haciendo tradicional que esta carta de cuaresma sea una “carta programática” que nos indica el rumbo del camino pastoral que queremos recorrer a lo largo del año.
También todos sabemos que estamos en el triduo de años que nos preparan al Jubileo diocesano de 2011, en el que celebraremos con alegría y fervor los 50 años de la creación e inicio de la diócesis de Añatuya.
Para la preparación hemos tomado el documento del Episcopado Argentino llamado “Navega Mar adentro” -2003-. Del mismo extrajimos el lema que nos acompañará en el 2009, orientando nuestras actividades pastorales.
Este lema fue elaborado en el Consejo presbiteral el año pasado:
“Acompañemos a nuestras familias hacia
el pleno encuentro con Jesucristo”
“ACOMPAÑEMOS A NUESTRAS FAMILIAS…”
En realidad nuestro deseo es acompañar a todos los bautizados hacia el pleno encuentro con Jesucristo pero, reflexionando en el Consejo presbiteral, nos pareció necesario y oportuno poner un especial énfasis en la familia.
Consideramos que esta realidad básica de la sociedad, fundada en la naturaleza creada por Dios, está siendo fuertemente atacada desde distintos frentes sufriendo, en esta cultura imperante, una crisis muy grande. Nuestra diócesis no es ajena a este flagelo.
Por eso nos hacemos eco de las palabras de Benedicto XVI:
“La respuesta cristiana ante los desafíos que debe afrontar la familia y la vida humana en general consiste en reforzar la confianza en el Señor y el vigor que brota de la propia fe, la cual se nutre de la escucha atenta de la Palabra de Dios. La familia es un fundamento indispensable para la sociedad y los pueblos, así como un bien insustituible para los hijos. Es una verdadera escuela de humanidad y de valores perennes".
Por eso, “hoy más que nunca se necesita el testimonio y el compromiso público de todos los bautizados para reafirmar la dignidad y el valor único e insustituible de la familia fundada en el matrimonio de un hombre con una mujer y abierto a la vida, así como el de la vida humana en todas sus etapas”.
“Se han de promover también medidas legislativas y administrativas que sostengan a las familias en sus derechos inalienables, necesarios para llevar adelante su extraordinaria misión”.
Benedicto XVI pidió a las familias que se comprometan "en la formación catequética de sus hijos y las actividades pastorales de su comunidad parroquial, especialmente aquellas relacionadas con la preparación al matrimonio o dirigidas específicamente a la vida familiar".
"Trabajar por la familia es trabajar por el futuro digno y luminoso de la humanidad y por la edificación del Reino de Dios". La familia “está llamada a ser evangelizada y evangelizadora, humana y humanizadora" .
Cómo diócesis queremos hacernos eco de este llamado del Papa, realmente preocupado por la situación de la familia en estos tiempos.
“…HACIA EL PLENO ENCUENTRO CON JESUCRISTO”
Encontramos un pasaje, perteneciente al primer capítulo del Evangelio según san Juan, el cual ilumina nuestro tema:
“Al día siguiente, estaba Juan otra vez allí con dos de sus discípulos y, mirando a Jesús que pasaba, dijo: «Este es el Cordero de Dios».
Los dos discípulos, al oírlo hablar así, siguieron a Jesús. El se dio vuelta y, viendo que lo seguían, les preguntó: «¿Qué quieren?». Ellos le respondieron: «Rabbí -que traducido significa Maestro- ¿dónde vives?».
«Vengan y lo verán», les dijo. Fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él ese día. Era alrededor de las cuatro de la tarde.
Uno de los dos que oyeron las palabras de Juan y siguieron a Jesús era Andrés, el hermano de Simón Pedro.
Al primero que encontró fue a su propio hermano Simón, y le dijo «Hemos encontrado al Mesías», que traducido significa Cristo.
Entonces lo llevó a donde estaba Jesús. Jesús lo miró y le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan: tú te llamarás Cefas», que traducido significa Pedro ” (Jn 1, 35-42)
Este texto nos muestra con toda claridad de qué modo marcó a los primeros discípulos el encuentro con Jesús, quién hasta ese momento era un desconocido, al punto que san Juan ya anciano al escribir su evangelio, se acordaba hasta de la hora en que había ocurrido: “Era alrededor de las cuatro de la tarde”...
Estoy convencido, siguiendo esta página evangélica, que todo bautizado ha de hacer la experiencia de ese contacto personal con Jesús que deja una marca imborrable en su corazón. De esa manera su fe se verá fortalecida, su esperanza acrecentada y el amor a Dios y a los hermanos se convertirá en el motor de todas sus acciones.
Queremos acompañar a las familias de nuestro vasto territorio diocesano, a fin de que puedan descubrir nuevamente el rostro del Salvador que no cesa de llamarnos y de salir al encuentro de cada uno de nosotros para regalarnos su gracia y sus dones.
Con la finalidad de alcanzar este objetivo nos preguntamos:
A) ¿Cómo acompañar a los hermanos para que se encuentren con Jesús?
El documento Navega Mar Adentro nos proporciona algunas pistas interesantes para emprender este camino. Las mismas nos ayudarán a orientar el trabajo pastoral de este año:
1ª. Buscando llegar a los bautizados que no practican:
Dice el documento: “La iniciativa del Bautismo proviene de Dios. Él por una libre y amorosa elección no deja de inspirar a las familias, especialmente a las más humildes, a pedirlo con gozo a la Iglesia para sus hijos recién nacidos… La Nueva Evangelización se dirige, primaria y principalmente, a los bautizados no practicantes que todavía no se sienten Iglesia, pero tienen derecho a recibir de ella la plenitud del Evangelio y de la gracia de Jesucristo ”
Los obispos parten del dato de fe de que “la iniciativa del bautismo proviene de Dios” y constatan el hecho positivo de que mucha gente, particularmente los más simples, aún se acercan a nuestras comunidades a fin de pedirlo para sus hijos. Es fundamental tomar conciencia de esta situación que puede convertirse en una ocasión pastoral muy apta para brindar una oportuna catequesis donde la persona de Jesucristo ocupe un lugar central.
Ahora bien, nos encontramos con la realidad de que la mayor parte de esos bautizados no practican… Eso debería despertar deseo y el compromiso concreto de llevarle al Jesús que nosotros conocemos y vivimos.
“Acoger cordialmente a los que vienen y salir a buscar a los que no practican” será una modalidad pastoral en la que insistirán mucho los obispos.
2ª. Valorizando y reforzando la “piedad popular”:
“Es un hecho alentador y un regalo de Dios que un gran número de bautizados expresa su fe católica mediante los gestos de la piedad popular, con hondo sentido de la trascendencia, y de esta forma mantienen su vínculo con la Iglesia católica…”
“La piedad popular es un imprescindible punto de partida para conseguir que la fe del pueblo madure y se haga más fecunda. Por eso, el discípulo misionero tiene que ser “sensible a ella, saber percibir sus dimensiones interiores y sus valores innegables”…
La misma penetra delicadamente la existencia personal de cada fiel y, aunque también se vive en una multitud, no es una “espiritualidad de masas”. En distintos momentos de la lucha cotidiana, muchos recurren a algún pequeño signo del amor de Dios: un crucifijo, un rosario, una vela que se enciende para acompañar a un hijo en su enfermedad, un Padrenuestro musitado entre lágrimas, una mirada entrañable a una imagen querida de María, una sonrisa dirigida al Cielo, en medio de una sencilla alegría…
En el ambiente de secularización que viven nuestros pueblos, sigue siendo una poderosa confesión del Dios vivo que actúa en la historia y un canal de transmisión de la fe...”
La piedad popular es una de las riquezas de nuestra diócesis. Qué sepamos, partiendo de la misma, acompañar a nuestros hermanos al encuentro personal con Jesús.
Por otra parte, “…por los peligros a los que está expuesta la fe sencilla de nuestra gente, es necesario orientar los esfuerzos pastorales para que cada bautizado pueda vivir plenamente su dignidad de hijo de Dios y, aun en medio de una existencia muy dura, experimente la alegría de pertenecer a la Iglesia”.
Esto nos desafía a ser muy creativos en nuestra tarea evangelizadora a la hora de ayudar a nuestro pueblo a superar los peligros que amenazan su fe tales como: la indiferencia del medio ambiente, la influencia negativa de los medios de comunicación, la prédica de las sectas, la falta de una catequesis adecuada, etc.
3ª. Conduciendo a los cristianos hacia una vida cristiana plena:
Poseemos los poderosos medios de la Gracia de siempre; sin embargo los mismos han de ser adaptados a los nuevos desafíos que nos imponen las actuales circunstancias históricas de manera que respondan a las necesidades del hombre de hoy:
a. Los sacramentos de la iniciación: “…mediante un vigoroso anuncio del Evangelio, ningún bautizado quede sin completar su iniciación cristiana, facilitando la preparación y el acceso a los sacramentos de la Confirmación, la Reconciliación y la Eucaristía…”
b. La oración, la Eucaristía y la Palabra de Dios: “…Con suave pero firme persuasión pastoral, hemos de invitar a participar de una vida cristiana que se distinga por el arte de la oración, y ponga su mirada en alcanzar la plenitud de la participación eucarística, sobre todo en la celebración dominical. En tal sentido, las familias, parroquias, colegios, movimientos y otros organismos eclesiales, han de ofrecer los ámbitos concretos donde los bautizados puedan nutrirse de la Palabra de Dios y descubrir fácilmente la atrayente belleza del seguimiento de Cristo en sus diversas manifestaciones…”
c. La renovación de la catequesis: “…Todos los esfuerzos, mediante la implementación del itinerario catequístico permanente y el asiduo recurso al Catecismo de la Iglesia Católica, han de dirigirse a una renovación de la catequesis para que cada uno de los bautizados experimente cada vez más la presencia y cercanía de Cristo vivo en su Iglesia en la participación en el Sacrificio eucarístico ”
Consecuencias del acompañamiento:
El documento nos señala dos:
1°. “Frutos de conversión y santidad: “Cuando el seguimiento de Jesús se profundiza y fortalece, son numerosos los frutos de conversión y santidad….”
2°. La pastoral vocacional: “…Así se abren para la Iglesia enormes posibilidades en el campo de la pastoral vocacional, porque las personas se disponen con mayor prontitud a la obediencia de la fe (Rom 1,5), y por tanto, a escuchar la voluntad de Dios que invita personalmente a cada uno a ser testigo de la propia fe y a ocupar su lugar irreemplazable en la evangelización… “Las vocaciones son un don de Dios, una manifestación de su iniciativa de amor. Surgen ante todo entre los niños y jóvenes de las comunidades de fe: en la familia, en la parroquia, en las escuelas católicas y en otras comunidades, en las que se experimenta la vida de la Iglesia”
C) Teniendo siempre presente el “doble movimiento”:
1°. Una acogida cordial:
“Aceptar cordialmente a quienes se acercan a nuestras comunidades: algunos cristianos participan en diversas celebraciones y así expresan su sentido de pertenencia a un pueblo que vive y celebra la fe comunitariamente. Otros se acercan más ocasionalmente a solicitar algún servicio pastoral o asistencial. Ambas son oportunidades invalorables para ofrecer el rostro cordial de la Iglesia y aprovecharlas como lo que son: encuentros privilegiados para la evangelización. Resaltar su importancia y con espíritu de acogida valorar esos encuentros, abre las puertas a un proceso de insospechables consecuencias para la vida cristiana”
En el lema del año pasado decíamos que “la Iglesia es nuestra casa”, un hogar acogedor ante las inclemencias de esta cultura desoladora.
2°. Salir, buscar, invitar:
“No podemos contentarnos con esperar a los que vienen: Dios tomó la iniciativa de nuestra salvación, amándonos primero. Por tanto, imitando al Buen Pastor que fue a buscar a la oveja perdida, una comunidad evangelizadora se siente movida continuamente a expandir su presencia misionera en todo el territorio confiado a su cuidado pastoral y también en la misión orientada hacia otros pueblos. Para ello, cabe destacar la importancia de las misiones populares y de los misioneros de manzana; la creación de comunidades de base y de grupos de oración en las casas; la multiplicación de capillas, centros de culto y de catequesis; los movimientos eclesiales…”
Es todo el aspecto misionero el que se juega aquí y que venimos desde hace tiempo insistiendo: ¡¡¡Tenemos que salir más!!!
Llevamos un mensaje lleno de riqueza. No lo podemos guardar para nosotros sino que lo debemos contagiar con todas nuestras fuerzas. También en el lema del 2008 decíamos: “…y juntos anunciamos a Jesucristo”.
Seamos creativos a la hora de pensar y ejecutar la manera de llegar a las familias mediante nuestras instituciones: parroquias, capillas, colegios, hogares, medios de comunicación, etc., con el “feliz anuncio” de que Jesús está vivo, que nos ama y que quiere que nos adhiramos a Él con todo nuestro ser. Podemos encontrarnos con Él porque Él nos busca primero.
Esforcémonos por hacer un trabajo “capilar” que pueda llegar a la mayor parte de nuestros bautizados, aprovechando por ejemplo:
La catequesis para concientizar acerca del sacramento del matrimonio…
La celebración del día de la familia…
El contacto más asiduo con los padres de los niños de la catequesis y las familias de los alumnos de nuestros colegios…
Promoviendo las “misioneras de manzana” que visiten las casas y compartan la palabra de Dios y/o recen el rosario con la gente…
Formando grupos de oración en las casas; para ello se puede elaborar un devocionario sencillo apto para todos…
Motivando a que cada familia tenga su “altar doméstico”… etc., etc.
Pidamos a nuestra Madre la Virgen María a fin de que la labor que emprenderemos este año, por la infinita misericordia y la gracia de Dios, lleve a muchas de nuestras familias hacia un pleno encuentro con su Hijo Jesucristo